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sábado, 18 de agosto de 2012

Medio pan y un libro

Para el aniversario de la muerte de mi mayor ídolo, mi mayor maestro, del Poeta de los Poetas, Federico García Lorca, quería dedicarle una entrada escrita por él. No es cualquier poema u obra de teatro que podáis encontrar en cualquier lado. Es un discurso que dio en su pueblo natal, Fuente Vaqueros, con motivo de la inauguración de una biblioteca pública en septiembre de 1931. Me llegó hace unos meses por mi padre y ahora lo he vuelto a recordar. Es simplemente genial.



"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que
sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las
personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana,
a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve
melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería
pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia
suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad
y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y
por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la
primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la
calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí
violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin
nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a
gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan.
Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos
en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible
organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un
hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un
pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene
medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que
necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor»,
y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus
sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la
revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del
mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y
pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros,
muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía
terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras
para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica,
natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía
del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa,
que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella
se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero
falto de luz."

sábado, 6 de septiembre de 2008

Groucho Marx

Estoy en casa leyendo citas célebres de distintos autores antes de ir a la consulta, ya superado (por lo menos en la maoyr parte) el dilema amoroso, cuando de repente se me aparece una de Groucho Marx (de cuyo genial humor yo ya tenía noticia) y no puedo sino leerme todas sus frases:


La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.


Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…

Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.

¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!.

Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer.

Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.

Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien.

El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido.

Nunca olvido una cara pero con la suya voy a hacer una excepción.

Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.

Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho en su favor.

Inteligencia militar son dos términos contradictorios.

Todavía no sé qué me vas a preguntar, pero me opongo.

Hace tiempo conviví casi dos años con una mujer hasta descubrir que sus gustos eran exactamente como los míos: los dos estábamos locos por las chicas.

He tenido una noche absolutamente maravillosa. Pero no ha sido ésta.

El matrimonio es la principal causa de divorcio.

¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?

Cualquiera que diga que puede ver a través de las mujeres se está perdiendo un montón de cosas.

Debo confesar que nací a una edad muy temprana.

¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación más grande.

La humanidad, partiendo de la nada y con su sólo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria.

¿Que por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti más que tú.

Humor es posiblemente una palabra; la uso constantemente. Estoy loco por ella y algún día averiguaré su significado.

No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo.

Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.

Citadme diciendo que me han citado mal.

Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi empresario.

¿Pagar la cuenta? ¡Qué costumbre tan absurda!

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

He disfrutado mucho con esta obra de teatro, especialmente en el descanso.

Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo.


Por último, y para concluir la faena, su epitafio (la nota en su tumba):

Perdonen que no me levante.


"Este hombre es un genio", pensé mientras reía.

Después de esto, tras haber pasado un rato muy agradable y divertido con este hombre de humor fabuloso, salí hacia la consulta, pues me esperaba un nuevo día de trabajo, con un nuevo paciente.