martes, 7 de abril de 2009

Poemas 9


Silencio

Llega con la noche la blanca melodía del silencio.
Un suave murmullo mudo e indefinido.
La certeza de que nadie sabe lo que sabe.
No hay palabras para explicarlo.

Nunca pasa nada, pues solo hay silencio.
Nunca vuelan los pájaros, nunca huelen las flores.
Nunca. Solo la blanca y triste melodía en la noche.

Los rayos de sol no lo atraviesan (huyen).
Las diminutas hormigas lo evitan y se mudan
a sus refugios de polvo subterráneo.
Solo las lágrimas y lo oscuro acuden a su encuentro.

Buscadlo, amigos míos. Lo podréis encontrar
en un rincón frío o en un mar oscuro al atardecer.
En la suave brisa y la calma de un bosque tenebroso.
Lo podréis encontrar con palabras mudas, vacías,
en la noche que envuelve al cementerio.

Dejad que os inunde como una corriente de agua fresca,
rejuvenecedora. Dejad que los recuerdos con dolor y lágrimas
inunden vuestra mente. Aprenderéis entonces a olvidar.
Y amaréis el silencio.


Si vuelo...

Si grito, derramad mis chillidos en un tarro de cristal,
en un desierto, para cuando caiga poder observarlos, mudos y sedientos.
Si canto, derramad mi voz sobre la calle solitaria,
para que los paseantes, melancólicos, comprendan, al fin aliviados.
Si río, silenciadme con una grave nota de piano,
para que los pájaros no aleteen y huyan, furiosos.
Si miro, mirad conmigo y observad en la noche el cielo,
para que las estrellas, intimidadas, se sonrojen y se oculten a nuestra mirada.
Si camino, no sigáis mis huellas hasta el fin del mundo,
no ardáis conmigo en penas, desamores, lágrimas y muertes.
Si vuelo, olvidad bajo vuestra sombra mi alma triste al viento,
y sonreiréis, viendo alegres y armoniosas vuestras vidas.
Si escribo, no leáis mis palabras, ni seáis víctimas del engaño
de las fantasiosas letras con las que un inocente niño conquistará el mundo.
Si amo, envidiad a mi amada entre mis brazos y mis besos,
envidiadla a ella, bella y misteriosa, la única perfección del mundo.
Y si lloro, llorad conmigo, amigos, venid y seguidme...
por los senderos del olvido.
(Cuando calle, llamadme a cabalgar con vosotros, espíritus de la noche,
y escuchemos, con el viento en nuestros oídos, las palabras,
blancas, puras y místicas, del desamparado silencio.)


Sueño

Ruido de motores con la llegada de avión.
Los pasajeros bajan, equipaje en mano.
Cada uno busca a sus respectivos familiares, amigos.
Pero él no, él busca a alguien especial.
Mira hacia todos los lados, con el corazón fuertemente
apretado contra el pecho. Al fin la encuentra.
Se ven. Una sonrisa aparece en sus caras.
Ya no hay aeropuerto, ni pasajeros, ni equipaje en mano.
Se enlazan en un abrazo.
Parece que el tiempo para, pues es una eternidad
lo que están abrazados. Pero al fin se separan.
Posan sus miradas, intensas, en los ojos del otro
durante un largo segundo. Al fin, reaccionan y se acercan
sus labios a encontrarse. Un instante mágico.
Y siguen olvidando el aeropuerto y los pasajeros,
equipaje aún en mano.

Despierta. Su manos agarran fuertemente las sábanas.
Y su boca la almohada. Pero ella no está.
Tampoco hay aeropuerto ni pasajeros (ahora los recuerda).
Solo fue un sueño.
Se incorpora, mira a su alrededor: habitación vacía.
Una luz grisácea entra por la ventana. Y la lluvia repiquetea.
Sale de la cama, descorre la cortina y mira a través del cristal.
Observa la madrugada muda y el cielo oscuro y lloroso.
En el horizonte (allá lejos), un pájaro de arena se hace polvo
y se diluye en el viento. El viento nostálgico
que arrastra el amargo perfume del recuerdo
y el ácido sabor de una lágrima.

Más allá del horizonte, solo un parque olvidado. Solo.


Las murallas de cristal

Llaman mis labios a tus puertas de cristal,
entre el triste y blanco paisaje helado,
mi voz se pierde en el eco
de las inmensas murallas del palacio.

Tu respondes, tras los candelabros grises
y la voz metalizada de un telefono,
palabras efímeras que el viento pierde
y el tiempo engaña.

Nos miramos fijamente a los ojos,
con la mirada prendida de las manos empuñadas,
mientras nuestros ojos tiemblan de angustia
y una lágrima triste cae por nuestra mejilla.

Entre sábanas blancas temblamos esperando
la llegada del amado por la ventana,
que se filtrase entre los gruesos barrotes
de nuestra celda de cristal.

Arañamos las murallas con nuestras uñas,
y a dentelladas, hasta que boca, dedos
y cuerpo se convierten en polvo de arena
sobre la nieve escarlata.

Y entonces, solo entonces, el castillo invisible
se evapora y asciende entre las nubes
(y juega con nuestros sueños de cristal).
Y quedan ya libres de encontrarse nuestros cuerpos muertos.


Un tronco hueco

Era un tronco, un simple tronco herido, caído,
sobre la hierba verde cubierta de nieve.
¿Quién hablará de él cuando en polvo se convierta?
Nadie... quizá tan sólo aquel pájaro
que sobre él posó en busca de su presa.
Aquellas hormigas orgullosas de cruzarlo
con sus diminutas patitas negras.
Los ratoncillos que encontraron en su interior hueco
un refugio contra el invencible enemigo de la lluvia.
Un anciano que sentó a ver jugar a los niños
sobre la hierba, o estos mismos que hicieron del tronco
parte de sus cálidos juegos.
Un solitario joven que acudió a llorar en silencio.
¿Por qué iba a recordarlos el pobre tronco,
a todos ellos, hendido por un rayo,
y convertido en polvo y en nada su recuerdo?
Si ellos también lo olvidarán (si es que alguna vez lo recordaron).
No... quizá tan solo aquella pareja de enamorados
que, solos en el parque del tronco hueco,
rozan por primera vez sus labios.


Palabras... solo palabras

Quisiera llorar palabras para escribir lo que siento,
diluir las amargas gotas de tinta y el frío papel blanco
entre un par de lágrimas melancólicas.
Pero no, no hay tales palabras (lágrimas),
ni tampoco puedo gritar, pues la hoja perdería mis gritos,
rebotados contra su fresca pureza blanca.
No hay tales lágrimas.
Entonces, me pregunto por qué hablo y por qué escribo
(o por qué las palabras no hacen lo que les ordeno).
Tengo que buscar, entonces, tras el cristal de la ventana.
Busco y encuentro las frágiles gotas de agua,
los áridos copos de nieve, la arena húmeda del desierto.
Y el silencio, escondido en el fondo.
Entonces comprendo. ¿Qué comprendo?
El impotente silencio de las palabras.


Pronto

Pronto volveré a sentir tu mirada profunda y fija en mis ojos.
Pronto te veré a lo lejos, en la calle, y acudiré a tus brazos.
Los sueños ya no serán sueños rotos ni mentiras,
serán verdades y la verdad ya solo serán sueños,
olvidados por otros mejores, pronto.
Pronto no deberá esperarnos más nuestro parque melancólico,
una luz lo iluminará, azul, a reflejo de un cielo sin nubes.
La hierba marchita reverdecerá para que las ardillas correteen
y los pájaros volverán a cantar en las floridas copas de los árboles.
Ya no habrá cemento artificial humano alrededor del parque,
solo verde, verde, verde. Brillante. Sólo nosotros solos. Sólo.
Y besos de amor alrededor nuestro.

Relatos cortos

I - Desamor

La calle era oscura y estrecha. No muy lejos trazaba una esquina y se perdía a mi vista. La esquina por la que acababa de perderse el último fragmento de ella.

Me encogí sobre mí mismo, sentado en el suelo, y enterré la cabeza entre mis rodillas. Intenté parar las lágrimas, pero fue como si hubiera intentado detener un maremoto con un simple palo de madera. Frágil, se partió en mil pedazos antes de que quisiera darme cuenta. Los recuerdos volaron rápidos por mi mente. Todos los momentos, los instantes a su lado. Los abrazos, las sonrisas. Las miradas, los besos. Los "te quiero". Todos. Perdidos. ¿Serán alguna vez olvidados? "No...", dice una
vocecilla en mi interior (¿será el corazón?), "solo hay un amor verdadero en cada vida, solo, y el mío acaba de irse por esta calle resbalando sobre la esquina. Y lo peor: sin mirar atrás."

No, ya no hay vuelta atrás, las lágrimas ya forman un charco en el suelo y no, ya no hay vuelta atrás. Todos estos sueños rotos... ¿qué son ya sino mentiras? Ahora, por fin (¡ya tarde!), comprendo... solo hay un sueño verdadero... el que nunca acaba. Aquel pájaro que trinó en nuestro corazón ha muerto, y ahora huye. Quizá deba hacer lo mismo. Quizá deba huir y no volver. Y volver a huir... Huir a aquel sueño que, ahora sé, siempre he estado buscando, aquel sueño oscuro y desierto, vacío, donde yo (ahora ya nada) pueda
serlo todo. Aquella melodía muda que siempre creí oír de fondo. En el fondo de nada. Un sueño de verdad...

Vuelve a mis ojos el charco de lágrimas en el suelo. Miro a mi alrededor. La calle, oscura y vacía (melancólica). El cielo, plomizo, comienza a descargar su llanto. Mis lágrimas se entremezclan con la lluvia en una combinación odiosa (de amor).

Voy
distanciándome poco a poco de la calle. El silencio se va amortigüando hasta también desaparecer. Y la lluvia. La oscuridad penetrante acaba de envolverme con su frío manto. Por fin, un sueño de verdad... Ya nada queda, nada soy, solo queda tiempo de dedicarle dos palabras en este último instante... Te quiero.


II - Los Guardianes

Los Guardianes esperaban la llegada del rey de Augsbech. Todos los preparativos estaban hechos: estandartes, tapices, habitaciones, mesas, banquete... no faltaba nada. Sin embargo, el Rey seguí sin venir. A decir verdad, hacía mucho tiempo que debía haber llegado. Tanto que los Guardianes ya habían perdido la cuenta y, uno a uno, pronto fueron muriendo (a pesar de la larga vida de la que disponían). Pero sus cuerpos quedaban sin más, inertes y fríos, sin caer y sin moverse, como si esperasen aún después de muertos.

"Qué triste vida", pensó una mariposa al llevarle su vuelo cerca de los Guardianes, "la de las estatuas. Esperan, sin saber cuánto ni cuándo ni por qué, simplemente esperan. Por siempre... y por nunca".


III -Extraterrestres

Recientemente, llegaron unos extraterrestres. Nadie se alarmó, no tenían nada de especial. Bueno, quizá sí: eran de otro color (verdes, rojos, violetas, amarillos, azules... en fin, cualquiera menos blanco). Por ello los discriminaban. Decían que solo era lo puro es bueno, lo de aquí (¿por qué puro lo de aquí?), y que solo hacía falta mirarles a la piel para ver que venían de otro planeta. Les daban los trabajos más duros, pero nadie protestaba. Y lo peor, interminables años de papeleo. A los que no lo hacían, se les mandaba de vuelta a su planeta en el medio más barato que se encontrara. Como si se perdían por el camino, ¿qué más daba? ¿Acaso iban a quejarse? Ellos, encima de que se les había dado la oportunidad de estar con los buenos, los verdaderos...


IV - Su cuchillo azulado

Corría por un bosque ensangrentado (no sé de quién sería la sangre), iluminado por la pálida y temblorosa luz de la luna. Sus pasos me seguían, retumbantes en la oscura noche que no envolvía todo. Pretendía huir, dejarla atrás, a ella y su cuchillo azulado. Y corría, corría, corría. Por el bosque ensangrentado.

Pronto pensé que había escapado. Me paré en un claro, resoplé por el esfuerzo y, después de recobrar el aliento, grité, entusiasmado. Me había costado, pero lo había conseguido, al fin. Un destello azulado, el frío que empezó a subir por mi pierna y salí de mi error. Por fin comprendí que nunca escapaba uno sino de sí mismo. Al mismo tiempo, la vida escapaba como
volutas de humo por el aire desde mi corazón. Caí, y mi cuerpo quedó tendido sobre la hierba, bocabajo, pálido y frío, azulado a la luz de la luna.

jueves, 19 de marzo de 2009

Poemas 8

El aula

El sol reverberaba a través de los cristales,
cayendo cálido sobre la madera gris
y proyectando sus sombras sobre los cuerpos,
tristes, que algún día volarán al viento.
El aula estaba llena de una voz
que trataba de sacar a los frágiles cuerpos
de sus sueños con palabras serias y números.
Las sucias lámparas y la pobre calefacción
pasaban desapercibidas en su tristeza muda,
emitiendo relámpagos de oscuridad y frío.
La vieja y antes blanca pared se elevaba,
en apariencia fuerte, llena de manchas grises,
y gemía, también triste, sola y melancólica,
la inmensidad que envolvía a los sombreados cuerpos.
Solo había vida en un rincón apartado,
un rincón donde un despistado alumno, sin atender,
dejaba volar los sueños en su mano,
escapándose en volutas de humo y suspiros
por los cristales plácidos, abiertos,
y los rayos de sol, resplandeciente en lo alto.


El pájaro muerto


Distribuyen los rayos tormentas por doquier
sobre la hierba de una vida triste.
Los labios lloran palabras de amor, ya sin sentido,

silenciadas por las ardientes lágrimas
de aquel beso que nunca llegará a estallar.
Puede que una rueda gire en el parque,
silenciosa, melancólica, y sin pararse.
Para esperarnos por siempre. Por nunca.


La tumba del pájaro yace sobre la hierba,

seca, y sobre el mar, oscuro.

Quién pudiera haber gritado un susurro

en nuestros oídos, y decirnos que no hay
sueño sino mentira, que no hay cristal sino lluvia.

La bandada seguirá con su caminar ruidoso sobre el viento,

sin darse cuenta de la pérdida, ínfima, de dos individuos.
Tampoco escucharán
los susurros de amor.
Se los llevará el viento.


Y ya no habrá truenos, ni luces (ni tampoco oscuro).

Ni lluvia tras los cristales (ni ventana).

Ni lágrimas. Ni parque. Ni sueño. Ni mentira.

Ya no habrá viento que se lleve los susurros,

pero ellos tampoco estarán. El amor será perdido (imposible).

Ni gota de agua, vacía y sin vida.

La rueda parará, pero ya no tendrá importancia.

El pájaro seguirá muerto.



El avión vacío

La triste plaza yace, vacía, en un viernes caluroso.
Miro por la ventana. Rayos de sol reflejados en los coches.
La hierba mecida suavemente por la brisa,
como el mar, aquel mar del horizonte,
lejano, perdido, con sus olas.
Verde parque con sus agujas de pino,
bordeado por franjas oscuras, artificiales.
(Qué bella la naturaleza, qué amargas las calles).

El cielo se eleva inmensamente azul, sin nubes,
tras el largo y duro invierno, frío.
Las minúsculas patitas de las hormigas van
de un lado a otro, vibrantes, sin hacer ruido.
Se esconden en su hermoso mundo subterráneo
para huir de la humanidad, fría y desierta.

Pero eso no es lo que quería contar.
Dejad atrás las hormigas, la hierba, el cielo.
El sol (que me ilumina a través de la ventana).
Los pálidos reflejos que esbozan los coches aparcados.
Eso no es lo importante. Solo son trocitos de mundo. De realidad.

Lo importante es este parque nostálgico.
El que veo por la ventana. Melancólico, en el que me siento.
En un banco. Tan diferente del nuestro. El soñado.
El lejano. El que no puedo ver. Ni oler. Ni sentir.
Ni tan solo soñar.

Un avión llega ahora mismo. Vacío. Un pasajero menos.

sábado, 14 de marzo de 2009

Diálogo de besugos


(Dos hombres iguales se encuentran caminando, literalmente, por un río).
Hombre 1: -Hola, te llamas Mario.
Hombre 2: -¡Oh! Yo también, encantado.
H1: -Hace mucho que no venía por una calle tan húmeda.
H2: -¡Oh! Sí, parece que va a llover.
H1: No, ayer ya hice carne para comer, vas a tener que esperar al menos hasta mañana.
(El cielo azul se elevaba sobre ellos, sin nubes, y con un sol resplandeciente que hizo brillar el reloj del segundo hombre, el cual tenía puesto al revés)
H2: -¡Oh! Creo que he visto brillar algo dorado. ¡Quizá haya oro en esta calle!
H1: -Me gusta mucho tu reloj, tiene los números al revés, es muy original.
H2: -¡Oh! Arte histórico, ya sabes, como ese de los relojes derretidos, no sé si era Leonardo Da Vinci o Di Caprio.
H1: -No, Di Caprio fue el que escribió "La Gioconda". ¡Anda! ¿Estuvo ella aquí?
H2: ¡Oh! ¡Sí, seremos famosos! Todos los que pisan una piedra por primera vez lo son.
(Ambos esbozan una ilusionada e inocente sonrisa, como la de un niño al recibir una piruleta).
H1: -Pero no estamos pisando una piedra, estamos pisando esta calle húmeda. Que, por cierto, es demasiado larga y sigo sin ver ningún edificio, solo el parque este por todos lados.
(Se quedan un momento los dos parados, pensando. De repente, el primero sale corriendo hacia el borde del río y pisa una piedra).
H1: -¡Ahora sí que seré famoso! ¡Pero yo y solo yo! ¡Muajajajaja! (risa de psicópata).
H2: -¡Oh! ¡Serás...! ¡Ahora te enterarás!
(Se tira a por él, pero falla, cayendo al suelo.)
H1: -¡Olé! Como una vez le dije a un ácaro: ¡esta vez tú muerdes el polvo!
H2: -¡Oh! ¡Qué chiste más malo!
(Ambos empiezan a reir a carcajadas y el segundo también cae al suelo por la risa. Después de un rato, se levantan y siguen caminando).
H1: -¿Qué dura es la vida, verdad?
H2: -¡Oh! Sí, parece que te vas a encontrar una piedra y al final son dos.
H1: -Y luego nos hacemos famosos. Bueno, no, ¡me hago famoso! ¡Muajajajaja! (Risa de psicópata de nuevo).
H2: -¡Oh! ¡Serás...! ¡Ahora te enterarás!
(Se tira a por él de nuevo y esta vez sí acierta y caen ambos al suelo).
H2: -¡Oh! Como yo le digo a un hombre que me he encontrado poco antes de que lloviera: la vida son tortitas de maíz, mi querido pardillo.
H1: -¡Qué gran frase!
(Ambos empiezan a reír de nuevo a carcajadas. Después de un rato, se levantan, empapados, y siguen caminando).
H1: -Noto un cosquilleo entre la ropa.
(Un pececillo resbala por su camiseta y cae de nuevo al río).
H2: -¡Oh! Será el cambio climático, he escuchado que es muy malo.
H1: -¡Y la crisis! Dicen que hay que apretarse el cinturón, yo ya tengo unas marcas...
H2: -¡Oh! Bueno, volviendo al tema, ¿por qué venías por aquí?
H1: -Pues nada, acababa de tomarme un helado, oí unos pájaros y decidí venirme por aquí a ver una obra de teatro.
H2: -¡Oh! Parecido que yo: acabo de ver una obra de tratro, oí unos pájaros y decidí venirme por aquí a tomar un helado, antes de que llegue la tormenta y se derrita.
H1 (Pensativo) : -Sí, hace mucho que no oigo ningún pájaro.
H2: -¡Oh! Nunca te bañarás tres veces en las mismas aguas de un río. A la tercera va la vencida: te ahogarás.
H1: -Nunca digas nunca, pues si siempre dices siempre, siempre podrás decir nunca lo que dices siempre. Aunque siempre todo el mundo dirá que nunca dices siempre lo que a veces dices nunca.
H2: -¡Oh! Interesante conclusión. Yo no te puedo no decir lo que no es verdad, por lo que no te diré que no has dicho nada con lo que no pueda no estar en desacuerdo contigo.
H1: -Tienes razón, como bien decía yo: la vida es una caja de tortitas de maíz donde para ser famoso solo hace falta tomar un helado en una calle húmeda, ir a ver una obra de teatro en la que no se oyen pájaros, morder polvo en los ácaros o escribir "El Partenón", como la Gioconda. O también ver fantasmas.
H2: -¡Oh! ¿Sabes? Yo creo en los fantasmas. Y los veo. Es más, creo que hasta te estoy viendo a ti. ¡Seré famoso!
H1: ¡Seremos famosos!
Ambos: -Muajajajajajaja (Echan la cabeza a la vez hacia atrás quedándose parados y riéndose de nuevo como si fueran psicópatas).
H2: -¡Oh! Por cierto, yo te he dicho mi nombre, pero tú no. ¿Cómo te llamas?
H1: -Mario.
H2: -¡OH! Encantado, ¡yo también!

lunes, 23 de febrero de 2009

Poemas 7

Nuestro parque

La brisa recorre los árboles con su suave susurro
en aquel lejano parque en el que algún día nos encontraremos.
Los pájaros cantan y revolotean de copa en copa,
la rojiza ardilla corretea entre brotes de hierba verde,
mientras la noche sin nubes se cierne sobre el parque.
La lisa superficie del agua del estanque refleja
la luna (con su pálido halo) y la noche oscura
(y las estrellas).
Caminan sobre el viento las hojas secas que,
a la mañana, se cubrirán de rocío.

Quizá te preguntes por qué digo (del parque) nuestro
en vez de uno cualquiera.
Te responderé que lo he visto en sueños,
sueños de verdad, sueños de amor.
He visto este parque nuestro con su brisa y sus árboles,
sus susurros, sus pájaros y su estanque,
su luna (sus estrellas) y su noche.
Todo está ya oscuro y en silencio,
todo espera nuestro encuentro...
y nuestro beso.



Sin título VI


Hay días que me propongo olvidarte,
otros intento no pensar en ti;

busco no sentir nada al verte,

no soñar contigo.

Persigo la risa y acabo llorando siempre,

lágrimas infinitas por no tenerte.

Lloro porque sin ti muerto

y sonrío porque no viviré más.

Cómo duele haberte perdido,
quiero llorar, pero no puedo,

la muerte me arrebata las lágrimas.


El parque quedó frío allá a lo lejos,

ya no están nuestros cuerpos, nuestras caricias,

ni nuestros besos.

Ahora los pájaros se sienten solos

sin nuestro aura y nuestra ternura,

y ya no cantan, melancólicos.

La fuente ya no escupe sino agua negra

y sucia, contaminada por Ellos;

nuestros sueños ya solo son pedacitos
que arrastra el viento.

¿Hierba sobre mí?

¿Volviste, parque lejano y olvidado?

No, espera un momento,

no hay pájaros ni fuente

(ni rincón para nuestros besos).

Entonces, ¿qué es la fría piedra

que está sobre mi cuerpo
y sobre ella hierba y tierra,
mustia y seca?
No, decididamente no es nuestro parque,
nuestro parque era bello aún melancólico.

Entonces...
¿Será polvo de corazón?
¿Mi fantasía?

¿Un amor?

¿Un sueño?

Una única mentira.



Sin título VII

Hoy es un día normal de aquellos en los que añoro el tiempo
de palabras perdidas y cantos olvidados,
entre suaves susurros de la brisa y cálidos rayos de sol,
mientras paseábamos por aquella ciudad, ahora tan lejana.

Hoy mis lágrimas hablan de amor y confusión,
porque te siento a la vez tan cercana (en mi corazón)
y tan lejana (en aquella ciudad perdida).
Quién inventara el espacio y el tiempo.

¿Llegará el día en que volveré a ver tu rostro,
a perderme en tu mirada y a dejarme llevar entre tus brazos?
¿O tan lejano estás, parque nuestro? (Quizá en aquella ciudad perdidad...)

Hoy las hojas caídas de los árboles (no de nuestro parque,
tan hermosas y puras, sino las frías y secas, esas de la calle)
me acompañan en mi amargo vuelo,
ambos somos arrastrados por el viento.

Les pregunto: ¿Qué es el amor?
Ellas no lo saben (no son de nuestro parque).
Sin embargo, el viento trae débiles y apagados susurros
de almas errantes (y felices, de nuestro parque) que algún día se enamoraron:

Amor son pedacitos de sueños
que, guardados en un cajón,
solo esperan no convertirse en polvo.


Sin título VIII

Oscuridad. Un rincón. Un parque. Soledad.
Brisa. Nubes. Árboles. Calles.
Silencio. Melancolía. Tristeza.
Un rincón. Un parque. Oscuro. Solo.

Pasos. Una voz. ¿Conocida? Sí...
Una mirada. La soledad desaparece.
Y la tristeza. Y la melancolía.
Un cuerpo cálido. Fundido en un abrazo.

Se rompió el silencio. No con palabras ruidosas.
Con palabras de amor. De esas de una mirada.
Una sonrisa. De las que no suenan.
Solo se sienten.

Se cumplieron las promesas.
Se sintieron las palabras.
Los labios se acercaron.
Las miradas se perdieron.
Los ojos se cerraron.

El tiempo paró. Un instante eterno.
La brisa no soplaba. No había movimiento.
Ni árboles. Ni hierba. Ni parque.
Solo nuestras palabras (de amor).

Al fin se rozaron los labios. Un beso.
Tan ansiado. Tan apasionado. Vuelve
a pararse el tiempo.
Ahora. Sí. Solo existe nuestro beso.
Los susurros de los labios.
Palabras de amor.
Dos personas. Tan especiales.
Unas palabras. Un beso.
Enamorados.


Una gota de agua

Vive la vida en una gota de agua.
No hay río, ni rocas (ni tampoco agua).
No cantan los pájaros, melancólicos,
a frías tumbas de piedra.
No hay luna en el mar.
Ni resplandor blanquecino.
Ni ácido en las mejillas.
No hay palabras huecas
golpeadas en un tambor.
Ni brillo con luz, ni oscuridad con negro.
No hay nubes verdes, ni calles azules.
Ni llantos, ni lágrimas, ni lluvia.
No hay ojos blancos, ni cabellos grises.
Ni horizonte purpúreo. Ni mariposas locuaces.
No hay cristales, ni cuarto, ni lápices.
Ni amables sonrisas. Ni risas desagradables.
No hay sufrimientos, ni tumbas ni muertes.
Solo hay vida en una gota de agua.
Y, en ella, solo hay un beso.

domingo, 22 de febrero de 2009

Poemas 6

Sin título III

Si alguna vez viste al atardecer
el mar consumirse en la arena,
o miraste fijamente
una losa, tan gris, fría en la calle.

Si alguna vez observaste en la noche
la luna (y las estrellas) sobre el tapiz negro,
tan pequeñas...


O miraste un rincón oscuro
en un olvidado parque;
de día esperaste el paso de las nubes,

monótonas, grises, frías (como las piedras),
sentado en un incómodo banco
o viste secos los brotes y los árboles
en un campo sin flores.

Si alguna vez te invadió la melancolía,
y la tristeza,
y olvidaste tu nombre (y tu voz)
en una mirada (y en una sonrisa)
que no podías ver;
son tuyas estas palabras,
pedacitos de tinta en blancas lonas frías
de tristeza y melancolía.


Sin título IV

Palabras, Historias. Olvido. Recuerdos.
Polvo. Cajones. Rincones. Parques.
Piedras. Cemento. Cementerios.
Palabras. Historias. Olvido. Muertos.

Lluvia. Relámpagos. Tormenta. Cristales.
Llantos. Risas. Saltos. Abrazos.
Sol. Nubes. Cielo. Tierra.
Estrellas. Oscuridad. Luna. Noche.

Vidas. Cantos. Lágrimas. Risas.
Calles. Deseos. Banales. Sueños.
Lluvia. Rincones. Parques.
Besos. Amores. Muertos.


Sólo era mentira

Polvo que se lleva el viento
y llega a un mar oscuro,
formando virutas de olvidados sueños
sobre esta piedra fría.

Desafíamos a la noche con nuestros besos,
que se vayan la luna y las estrellas,
y el mar oscuro,
y queden solos nuestros cuerpos.

Vuelan nuestras vidas efímeras,
sobre el viento,
y cantan los pájaros su melodía
en los grises parques.

Todo fue oscuro y paró nuestro vuelo,
cayó al suelo con suavidad,
como una pluma, en medio del silencio.
Todos lloraron palabras y callaron lágrimas
ante esta trágica desgracia.
Nadie dijo:

Sólo era amor,
sólo eran sueños,
sólo era mentira.


Sin título V

De mentiras cubren la calle los copos de nieve
y otro día más creen despertar las nubes
en su océano azul y vuelven a soñar.
Otro día más los árboles se agitan,
presas del viento,
y caen sus hojas en la hierba cubierta de rocío
Sus destellos nos ciegan y someten
como el genio y el famoso
a un admirador corriente.
Nos envuelve el frío y el calor,
una manta y una ducha fría
mientras la lluvia moja nuestros cuerpos
desnudos y vacíos.
Nos movemos en un campo de flores,
donde todos los pájaros cantan su armoniosa melodía,
entre los dulces perfumes de la naturaleza,
entre nidos de amores.
La ciudad nos rodea, monótona y ruidosa,
los niños cantan en la calle de alegría,
en tristes rincones con sus juguetes cálidos,
mientras los adultos, demasiado ocupados
en cosas serias, no les prestan atención.
Para qué, son cosas banales,
inocencia y juventud (y sabiduría) demasiado unidas.

Ah, y los sueños,
los pequeños se asustan con ellos (y bien hacen),
los mayores los ven pasar desinteresadamente,
como si de lluvia y coches por la ventana se tratase.
Son ingenuos, creyéndose mejores por maduros,
por llamar sabiduría a la vejez
y a la realidad sueños.
Mas hay personas que conocen la verdadera realidad,
pequeños o grandes: los niños;
un sentimiento, una amistad y un amor
y sueñan con ellos,
estas cosas que se llevó el viento
y los sueños.

Poemas 5


Poesía

Preguntó el pájaro al viento:
¿Qué es poesía?

Una piedra. Un monte, agua, un río
y un vuelo que alguien olvida.

Un corazón que quedó sin amor,
cayendo lágrimas sobre la piedra fría.

O entre terciopelo guardada,
dentro de una cajita.

Cantarle a la vida por ausencia de muerte
y a la muerte por ausencia de vida.

Un horizonte con alas que al alba,
despierta de un sueño y vuela y grita.

Un parque olvidado en la calle,
olas de mar que lamen la orilla.

Entre frágiles lonas blancas,
pedacitos de volátil tinta.

Y un pájaro que al viento pregunta:
¿Qué es poesía?


Una mañana

Son las huellas al pisar
de los caminantes en la fría piedra,
en la calle solitaria,
y hacen eco, una mañana.

Allá donde vayan irá el viento
llevando las hojas caídas,
rozando la fría piedra
y las sonoras huellas,
de otoño una mañana.

Recorrerán la verdura inmensa
del olvidado parque
y olvidarán las alas de algún pájaro
un susurro bajo ellas
y yacerán tranquilos, una mañana.

Lloverá al alba sobre el rocío,
lluvia que regará el verde olvidado
que tragará en su humedad al viento
y hará monótona y fría... una mañana.

Las grises nubes cubrirán el antes
azul cielo y reflejarán el color,
bajo las huellas, de estas calles grises,
con su plumaje triste al viento
apagarán el sol, una mañana.

Mañana volverá a nacer el día,
de entre la noche, con su fría piedra,
bajo las huellas olvidadas;
y las nubes cubrirán en sol
y el silencio... de otra gris mañana.

jueves, 5 de febrero de 2009

El vuelo de un pájaro

Volé entre las copas de los árboles, cambiando alternativamente y sin orden alguno de corriente de aire, simplemente dejándome llevar sin rumbo fijo. Atravesé grandes praderas verdes donde el sol brillaba en un bello espectáculo cada mañana sobre las gotas de rocío en la hierba. También vi altas montañas, con sus blancas cimas nevadas de las que descendían los ríos brindando al aire un suave y agradable murmullo. En algunos lugares este murmullo se hacía más intenso, las aguas cogían velocidad e incluso llegaban a caer desde elevadas pendientes formando hermosas cascadas que brillaban a la luz del ocaso como si de cabellos de oro se tratara. También conocí otros animales, desde pequeños e inocentes hasta grandes y feroces. Los más pequeños me evitaban, creyendo ver en mí un peligro para su vida, mientras que a los más grandes solo los podía observar desde lejos y llevando mucho cuidado en no ser detectado, no me fuera a convertir yo en su próxima presa.

Pasado un tiempo, en el que no podía dejar de regodearme con los bellos y tranquilos paisajes que me rodeaban mientras yo seguía con mi melancólico vuelo sin rumbo, encontré unos nuevos animales. Era una especie rara, pues caminaban sobre dos patas y, aunque solían ir con trapos por encima (cosa que nunca llegué a entender), se podía observar fácilmente que disponían de bastante menos pelo que la mayoría de los animales que se parecían a ellos.

Tarde descubrí, cuando volaba (como siempre, sin rumbo) acompañado de un hermano gorrión disfrutando de una amena charla, que este nuevo tipo de animal era uno de los más agresivos, si no el más, animales que pudieran existir sobre este bello planeta, pues un espécimen relativamente joven, sin motivo alguno (quizá el aburrimiento), mató de una pedrada a mi compañero, mientras que yo huí apenado buscando alejarme del alcance de aquel ser. Cuando me distancié lo suficiente, me propuse averiguar algo más sobre este extraño carácter, en un mundo donde primaba lo bonito, tranquilo y alegre. Fui descubriendo horrorizado la dimensión de su obra, y cada cosa que descubría, me provocaba un dolor interior insoportable que acortaba los días de mi vida y me hacía más y más viejo…

Estos seres (pues no se merecen llamar animales) no se conformaban con disfrutar de los placeres que una vida en paz con el resto brinda, sino que estaban en continua y desigual pele contra el medio en el que vivían y el resto de sus habitantes, no respetaban nada, lo mismo les daba talar el bosque más grande, que montar sus grises viviendas en una verde pradera, que conducir el agua en sus horrendos canales. Grande fue mi sorpresa que al descubrir que hacían lo que ninguna otra especie hacía: matarse mutuamente, y no por supervivencia (que sería más normal), sino por puros intereses de unos u otros, por diversión e incluso creo que en casos por aburrimiento.

Dicen que la Madre Naturaleza es sabia. Yo lo empiezo a dudar, pues, después de dotar al mundo de cosas tan bellas como un cerezo en flor, una cascada brillante o una cima nevada va y crea un horrendo ser (así los llamaré, “Horrendos Seres”) capaz de acabar con todo lo anterior. Me insto a pensar que lo habrá hecho sin conocer el desenlace de su creación, que lo único que buscó es crear un ser más inteligente que los demás que dominara pacíficamente sobre ellos mediante su ingenio y los ayudara a mejorar. Sin embargo, algo debió salir mal, pues demasiado valiente sería quien se atreviera a afirmar sin dudas que esto que he estado observando, tal que matarse entre ellos por razones banales, es inteligencia.

Llegado a esta conclusión, emprendí un rápido vuelo (esta vez sí tenía rumbo) hacia alguno de los pocos lugares bellos y tranquilos que quedan en este planeta antes tan bello. Solo queda disfrutar mientras se pueda de estos hermosos placeres a la vista, antes de que el Horrendo Ser nos prive de ellos.


De un pájaro que vuela, para los demás animales.

lunes, 2 de febrero de 2009

El Jardín Silencioso

Hace ya tiempo que están secas las briznas de hierba, formando una alfombra rígida y oscura, que se mece incluso aunque ni la más leve brisa sople y sin que haya ni un solo movimiento. Se elevan sobre esta alfombra abundantes flores marchitas que dejaron sus vivos o suaves pero bellos colores abandonados en algún rincón en tiempos inmemoriales. Memoria… ¿qué significa eso donde los únicos recuerdos son recuerdos olvidados, donde los sentimientos vagan vacíos y los pensamientos no dicen nada? Precisamente eso, nada. Aquí todo es algo y nada a un mismo tiempo: los cuerpos, las acciones, las marcas que dejaron aún siguen, mas lo más bello y oculto, lo que no puede sentirse con los sentidos, eso expiró hace tiempo. Dicen que en este… lo podríamos denominar jardín, no existe el amor. Porque… ¿qué es el amor con recuerdos, sentimientos y pensamientos, pero todos ellos vacíos y olvidados? ¿Se puede decir “te amo” o “amo a alguien o a algo” si no recuerdas, no sientes y no piensas que amas? Es más, ¿se puede decir algo si no puedes recordar, sentir o pensar cómo decirlo? Sinceramente, no lo creo.

Pero nada puede ser perfecto, ni siquiera el olvido. En el esfuerzo de dejar todo lo hermoso a un lado, se dejaron una cosa: el silencio. Así que ahora y aquí, tras lejanas y olvidadas reflexiones, proclamo sin voz en el silencio que este mismo es lo más bello y único que existe, en el silencio puede haber infinitos pensamientos y puede no haber ninguno, puede haber cosas bellas que nunca llegaron a ser dichas, puede haber recuerdos no olvidados que jamás fueron contados, pueden haber muchos amores (o uno solo que valga más que todos ellos) y que no lleguen nunca a ser expresados; pueden pasar tantas cosas sin llegar a ser contadas que hasta puede llegar a no pasar nada… La naturaleza es sabia y, como yo, sabe que el silencio es el bien más precioso que existe, por eso lo ha hecho indestructible, pues se puede romper en pequeños y efímeros fragmentos de tiempo, mas no por siempre.

jueves, 15 de enero de 2009

Poema: "Si pudiera"


Si pudiera llorar lágrimas
capaces de a un desierto alimentar
y arrancar del cielo las estrellas,
dejando un oscuro velo.

Si con cada sufrimiento pudiera
estallar en carcajadas
y saber que no hubiera nacido
si el mundo fuera perfecto.

Si pudiera rajarse mi piel
por cada fragmento de corazón roto,
¿quién podría curarme,
si no tendría cuerpo?

Si mi alma pudiera hacerse ver
en cada rincón oscuro,
¿cómo la vería,
negro sobre negro?

Si pudiera volver a nacer
para disfrutar de una dulce muerte
entre las olas del mar
y sin el corazón sangrante y abierto.

Si en un sueño pudiera
volver a verte y a tocarte
una luz en tu mirada
y unos rizos en tu pelo.

Si pudiera… si pudiera todo eso…
si pudiera, sería feliz,
pues entonces y sólo entonces,
expresaría lo que siento.