lunes, 22 de abril de 2013

Hoy secuestro tus suspiros más prohibidos
Porque no sé respirar si no es en tu aliento
En tus labios vertidos sobre mis labios

Y por cada sonrisa estúpida pagaremos
Pagaré quizás
Una multa porque el Gobierno censura
Entre tantas otras cosas
Tentar a lo Imposible
Jugar con Irrealidades

Cuántas lágrimas de menos
Porque todo el que vea el telediario un día cualquiera
Sabe que las lágrimas siempre caen de menos
La Tierra tiene un déficit de lágrimas que
La ahoga

Pero dejaré de hablar de Realidades
Cuánto odio la palabra déficit
La palabra atentado las palabras civiles inocentes
Pronunciadas por las bocas casi mecánicas
De los presentadores del telediario

Necesitarían llorar de vez en cuando en plató
Las máquinas también saben leer

Pero dejaré de hablar de Realidades
Debería avergonzarme hablar de Realidades
Sólo porque el silencio continúa su monólogo
Frente a mis versos más sentidos

Quiero gritar
Soltar un río torrente una cascada de palabras
Sólo para ti para que sólo tú me escuches
Mi suspiro tan cerca de tu nuca
Una cascada de palabras que guardo desde hace un tiempo
Esperando ese momento o lugar irreal
En que encadene tu risa a mis oídos
Y tu sonrisa a mis labios
Y tu cuerpo me abrace piel contra piel
Y tu mirada córnea contra córnea
Tus ojos

viernes, 19 de abril de 2013

Que se calle el silencio

Que se calle joder
Que se calle el silencio

No quiero escuchar más reverberaciones de mí mismo
Más ecos de mis recuerdos
Que vienen a arrancarme de cuando en cuando
Alguna lágrima

No importa la metáfora que utilice
Si fue fuego quedará su ceniza
Si fue perfume quedará su aroma
Si fue mar quedará su costra salada

De cualquier forma
Ceniza o aroma o costra
Vienen a poblar con su eco los monólogos de mis silencios
Su eco distorsionado y chapurreante
Que no sabe diferenciar un cabello rubio de un limón
Y aún así eco o limón
Arranca de vez en cuando alguna lágrima

Que se calle ya joder
Que se calle el silencio

Quiero deshacerme de estos ecos que pueblan mi memoria
Bajarlos en bolsas de basura
A los contenedores de reciclaje que coloca el Ayuntamiento
Porque sabe que nos gusta deshacernos de nuestra mierda
Sin preocupaciones

Y no es que me arrepienta de nada de lo que hice
No hay ninguna escena que me venga a la mente
Como a los personajes de las películas
Los días de lluvia

Al contrario me arrepiento tan sólo
De lo que no hice
Y llegan a mí en tropel llenan mi mente
Reverberaciones ecos o ensoñaciones
De lo que podría haber sido
Lo que no fue

Que se calle joder
Que se calle el silencio

sábado, 30 de marzo de 2013

Volver sobre una página en blanco

Los días se abalanzan unos sobre otros
Hambrientos de futuro
Me dicen que voy a cumplir veinte años y no lo creo

Siempre se idealiza el futuro se hacen planes
Se tienen ideas proyectos
Se cree que todo va a ser tan diferente
Hasta que llegan los veinte años con sus vivencias
De las que aún no he aprendido nada
Llegan los veinte años y uno se encuentra
Frente a la ventana esa misma ventana
Con la misma mirada que otro día de niño
Observando cómo cae la lluvia de igual forma después de todo

Imaginaba acaso que sería más maduro
Que habría comprendido muchas cosas
El amor las relaciones qué ingenuo
Lo único que he aprendido es que hay ciertas cosas
Sobre las que jamás se extrae enseñanza alguna
Y sólo queda volver a probar y a equivocarse

Una y otra vez y es que ya la papelera
Está llena de hojas arrugadas que pretendían
Ser borradores de la vida
Y es que levantarse cada mañana
Es volver a escribir sobre una página en blanco

Imaginaba también que tendría
Mis propias ideas como tienen los mayores
Que sabría un poco de muchas cosas como saben los mayores
Y ahora llegados los veinte años comprendo
Que las afirmaciones siempre esconden una duda
Que no hay blanco ni negro
Que los telediarios se equivocan
Y los mayores mienten cuando niegan
Que nunca se comprende de nada más que un poco
De nada

Y mientras escribo todo esto me pregunto
Quién soy yo para hablar de estas cosas grandes
Con mis sólo veinte años
Que parecían tantos cuando observaba la lluvia con mi mirada de niño
A fin de qué voy a haber entendido nada
De la vida
Cuando con mis sólo veinte años que parecían tantos
Aún recuerdo más de lo que he olvidado

No sé qué responderos si os soy sincero
Y es que siempre he dudado de todo
Sobre todo he dudado de todas las cosas
Acaso el misterio encierra la verdadera belleza

En cualquier caso supongo
Que sólo queda volver a probar y a equivocarse
Y a levantarse cada mañana con una sonrisa
Para volver a escribir sobre una página en blanco

jueves, 21 de marzo de 2013

Prisa

Volviendo a casa en el autobús de las once de la mañana me di cuenta
De que iba demasiado deprisa

Estaba
Leyendo un libro de poesía y levanté la mirada aún ensimismado
Y sólo vi formas difusas borrones de realidad
Las calles se superponían unas con otras y me di cuenta
Iba demasiado deprisa

Por qué esa prisa adónde para qué
Qué buscamos con nuestro correteo de ratones
Con nuestro estrés de coches atascados y cláxones
Si no creo que nade ignore que no hay nada
Allá donde acaba la carretera

Por qué huimos entonces del presente con la voracidad de un hambriento
Estamos muertos de tiempo
Y devoramos las imágenes los segundos las realidades sin saborearlos
Pasan fugaces a nuestro lado
Como las imágenes emborronadas que veo pasar desde el autobús

Parte de la culpa la tiene la tecnología
Los coches los autobuses qué queremos más allá del vagón de un tren
Hay hombres que han visitado todas las ciudades del mundo
Pero viajan en avión y no conocen ninguno de los caminos que llevan a ellas
Iban demasiado deprisa

Qué prisa por alcanzar lugares o tiempos distantes que nada significan
Sin sus caminos de piedra y polvo
Como puntos disjuntos de un plano irreal y matemático
Como si la realidad no fuera un eterno continuo

Esto es un camino despejado hasta un acantilado cuya caída se escapa a nuestra vidaNosotros escogemos recorrerlo con un coche supersónico

Por eso yo quiero detenerme dejar de correr
Respirar el aire bombear mi sangre y sentir
La tierra en cada paso
Disfrutar de la infinidad de colores que esconden los rayos de sol
Vivir la noche y las botellas vacías
Porque dormir es una ausencia rápida
Y vivir la vida andando tranquilamente
Porque correr es una inexistencia

sábado, 16 de marzo de 2013

Sueño
Pero no penséis que digo sueño y sonrío
Sueño
Para tener algo que contarle a las botellas rotas
Y a los borrachos cuando marchita la noche
Y a la luna cuando me llora a solas

Sueño y me desgarro
Con el frío cortante del invierno resacoso
En los bares que escupen a mi suerte
Y en las aceras que se tapan los oídos a mi paso

Me burlé del silencio y ahora
Me burlé del tiempo y ahora
Ha pasado el tiempo y ahora
Ya nada es como fue ya nada queda de ti
De ti de ti o de ti
Que aún no has llegado
Que quizá nunca llegues

Los charcos reflejan tu mirada y me ahogo
Las enredaderas trepan por los árboles como rizos oscuros y me pierdo
Tu risa y tus bromas se escuchan en los chirridos del columpio
Y el viento me acaricia como lo haría como imagino que lo haría
Tu cabello encendido
Que jamás toqué más allá de mis ojos

Sueño
Y digo sueño como quien grita un ahogado
Con la boca espumarajos de sal un ahogado
Que grita mientras el agua inunda sus pulmones

Es muy fácil alegorizar la muerte escribir
La muerte como un concepto triste y me avergüenza
Así que diré
Que gritaré con espumarajos de sal seca y costra de silencio
Gritaré que se vaya todo a tomar por culo
A los lugares donde se olvidan las cosas
Los cementerios de tristeza
Los desguaces de lágrimas

Aún me queda un verso que escribir o dos
Y la silla ya ha cuadrado mi culo poético
Mientras la cena está servida y todo
Se encamina lentamente a olvidarse

Me encamino a perderme una noche más entre los vasos y la música
Antes escribiré un verso
Un verso desgarrador por tu sonrisa
Que me acompañó en un autobús cualquiera
En un día cualquiera como si el hombre del Tiempo lo hubiera predicho
En las líneas isoheridas de mi cuerpo
Para escribir un verso desgarrador por tu sonrisa que
Sueño

sábado, 23 de febrero de 2013

Por qué

Las farolas siempre están encendidas
Cuando la noche viene a recoger tus recuerdos

Están tirados por la acera vomitando borrachos
El licor de algún sueño

Y la noche te los entrega en las manos
Para que los vuelvas a ver uno a uno
Y aún pretende que no derrames las lágrimas
Que ya se secaron

Si escribo siempre noche noche noche noche
Si escribo siempre noche nunca día noche
Es porque vosotros me enseñasteis este verano
A amar la noche
Aún en los días más largos

Porque sólo de noche se puede comprender la vida
Más bien buscarle un sentido

Porque la noche es muda y está felizmente presa del silencio que la llena
Mientras el día intenta banalmente hipócritamente
Llenar de ruido sus instantes más vacíos

Porque la noche es oscura y a cada momento
Viene cargada con el misterio de las imágenes borrosas
Que proyectan las farolas sobre el tapiz negro de las aceras

Abrid los ojos y nunca veréis nada
Más que vuestros sueños rotos borrachos tirados
Que la noche viene a recoger para arrancaros algunas lágrimas
Pensad y razonad y nunca sentiréis nada

No he vivido instantes más bellos
Que aquellos borrosos llenos de Absurdo
Que a la mañana siguiente no puedes más que
Preguntar por qué
Por qué aquel abrazo por qué aquel beso o aquella palabra
Por qué es tan importante aquella amistad
Por qué tiemblo y grito de amor

A la vida no cabe más que preguntarle por qué
Preguntarle por qué constantemente por qué
Y asombrarse de su respuesta
Silencio

Y cuando las farolas estén encendidas
Y otra noche venga a recoger tus recuerdos
Tirados por la acera vomitando borrachos
El licor de algún sueño
Y preguntes y grites al viento
Por qué se fue aquel día Por qué sin que yo lo disfrutara
Encontrarás que fue especial porque no exprimiste hasta la última gota
Esa última gota absurda cuyo sabor
Sólo puede ser misterio

Y de repente sin darte cuenta
Sentirás tus labios manchados del alcohol de una nueva botella
O quizá saboreando ese mismo licor renegado que esparciste en la acera

lunes, 18 de febrero de 2013

Quiero respirar en tu aliento

Tu sonrisa de melancolías rotas arrastra
Día a día mi corazón ebrio
Y las palabras huecas ya no hacen ruido
Los silencios se hacen eternos
Silencio
Me pediste silencio en unos pocos kilobytes de palabras

Quisiera darte silencio ese silencio
De las palabras huecas y las sonrisas anónimas
Pero me hace gritar el simple roce de tu piel o tu pelo
Gritar bésame otra vez bésame
Y ya no quiero ni puedo callar

Cualquier día en que mis ojos sólo existan para mirarte
Y tu mirada me atrape como un pozo sin fondo
Y con ella desnudes sólo para ti mi cuerpo
Mientras yo también te desnudo
Te susurraré al oído bésame
Te gritaré al oído bésame otra vez
Quiero respirar en tu aliento

viernes, 8 de febrero de 2013

Más rápido

Más rápido más rápido más rápido
Alguien susurra y el tiempo no deja de pasar
Más rápido

Quiero sentir en mi cuerpo el vértigo
Más rápido
Que pasen a mi alrededor las imágenes borrosas los fotogramas como una película
Más rápido
No quiero ver ni oír que la vida que el tiempo pase
Más rápido
Que no sienta escaparse ya estos momentos que me ahogan
Esta sed de lluvia me gusta sentir en mi piel el frío que llueva
Más rápido
Así la memoria no serán datos concretos instantes por siempre detenidos
Será un cóctel de olvido que beberé con ansia
Más rápido

Más rápido acelera que aún podemos escuchar nuestras palabras
Acelera más rápido que aún podemos mirarnos a los ojos
Más rápido que la canción se acaba

Acelera más rápido que no quiero sentir esta noche
Que copa por copa se nos escapa
Acelera más rápido que no quiero sentir

jueves, 7 de febrero de 2013

La realidad tras las supersticiones


    LA REALIDAD TRAS LAS SUPERSTICIONES

    El científico alemán Arnold Schieber, en su nuevo artículo publicado en la revista Science, demuestra mediante una serie de complejos teoremas físicos la posibilidad de una verdad detrás de las diferentes supersticiones que se han instalado en nuestras mentes a lo largo de la historia.

    Explica que ciertas congregaciones de objetos con una determinada distribución másica (una escalera apoyada en una pared, un gato negro, un espejo roto...) tienen alguna posibilidad, aunque muy pequeña, de ocasionar distorsiones espacio-temporales. Según el autor, estas distorsiones no tendrían en absoluto que ver con la supuesta “mala suerte”. En vez de eso, se inclina a pensar que en el pasado hubo casos en los que esas pequeñas posibilidades se hicieran realidad, ocasionando en las víctimas una serie de trastornos, que pudieran ser físicos o psíquicos.

    El argumento del autor continúa con que la sociedad, al observar estos comportamientos anómalos, censuraría los actos que los ocasionaron, asociándoles esa supuesta y falsa “mala suerte”, para ocasionar un miedo tangible en la población, en su mayoría ignorante, y así evitar que estos sucesos volvieran a tener lugar.

    El artículo del afamado investigador ha causado un gran revuelo entre la comunidad científica. Se han iniciado en las últimas horas numerosos experimentos para tratar de corroborar la teoría de Schieber, al tiempo que está siendo revisada por grandes teóricos de la física. Ante el posible peligro que tendría que esta noticia despertara la curiosidad en la población si se confirma la teoría de Schieber, se retiró al poco tiempo el artículo de la revista. No obstante, una fuente de nuestra redacción contactó con nosotros al obtener uno de los pocos ejemplares que salió a la venta, y es así que La Fotografía de la Realidad les presenta esta noticia como exclusiva.

    Les seguiremos informando del desarrollo que tengan las posteriores investigaciones sobre la veracidad de esta sorprendente teoría en nuestra página web: www.fotografiadelarealidad.es, así como en nuestros sucesivos ejemplares impresos.

    Desde la editorial, recomendamos por su integridad a nuestros lectores que no traten de probar por su cuenta la veracidad de la teoría antes de que se haya esclarecido el caso.


    Lucas dejó caer el periódico sobre el café humeante del desayuno. Sus ojos estaban muy abiertos y su mente aún no conseguía creerse lo que acababa de leer. Probó un sorbo del café con sabor a periódico para que el quemazón en la lengua le confirmara que no estaba soñando. Tomó de nuevo el periódico y releyó.

    -Mamá, mira esto -se lo tendió a su madre, señalando el artículo.

    Su madre repasó con sus ojos verdes las mismas líneas que él acababa de releer. Su madre no solía mostrar las emociones como el resto de la gente, así que sus ojos no se salieron de sus órbitas, ni su boca se abrió y se le escapó un hilillo de baba. Aún así, pudo ver en sus ojos verdes levantándose del periódico un brillo de profunda sorpresa. No hablaron por unos instantes.

    -Posiblemente sea una ida de pinza de un científico loco -comentó Lucas antes de volver a quemarse la lengua con el café con sabor a periódico.

    -Es posible.

    -Fijo. No hay que hacerle caso -su voz titubeó.
    -Lucas...

    -¿Sí, mamá?

    -No vas a ir a probarlo.

    -No, mamá... -Lucas devolvió una sonrisa amplia a su mirada escéptica.

    Terminaron de desayunar. Lucas se lavó los dientes, se calzó y cogió las llaves y la carpeta verde que siempre llevaba a clase. Salió de casa y afrontó la gran cuesta que tenía que recorrer para llegar a la parada del autobús que lo llevaba a la Universidad. Miró el reloj. Una vez más iba justo de tiempo: tenía 2 minutos para subir la cuesta. Corrió como todas las mañanas, pero en esta ocasión el autobús pasó ante sus ojos a mitad de la cuesta. Se había adelantado un minuto.

    -Mierda...

    Llegaría tarde a la Universidad. Terminó de subir la cuesta, ya andando y sin prisa, y miró el panel que indicaba la llegada del próximo autobús.

    -Joder...

    Faltaban dieciocho minutos. Decidió dar una vuelta. No le gustaba esperar sentado, sobre todo si se había olvidado de cargar su reproductor de música. Llegó a una calle donde había una escalera apoyada contra la pared dejando el hueco justo para que él pasara por debajo. Al día siguiente observaría que estaban realizando una obra en el bloque de pisos contiguo al suyo, pero en aquel momento sólo vio la escalera.

    Era metálica, con escalones de algún plástico de color negro. Tenía manchas de pintura de muchos colores, en su mayoría blanca. Estaba apoyada en un ángulo de... Qué cojones. La escalera fue todo lo que vio. Ni su forma, ni su color, ni su ángulo. Sólo la escalera. El acantilado. Bajo ella un hueco grande como un abismo. Las palabras del artículo resonaban en su cabeza con una fuerza sobrenatural.

    Se acercó con pasos titubeantes. Un par de jóvenes obreros hablaban más de lo que trabajaban.

    -Ayer me tiré a la Jenni, primo.

    -Con dos cojones.

    -Me dijo que me pusiera mi ropa del curro, la ponía más. No veas cómo follaba, la una puta de ella. Y ese par de tetas que...

    Lucas ya estaba al pie de la escalera. Los obreros, ensimismados en sus filosóficas reflexiones, no se percataron de su llegada. Dio un paso. Y otro. Y otro. No pudo evitar cerrar los ojos. Y otro. Y otro. Había cruzado la escalera. Abrió los ojos.

    -Pim. Pam. Pim, Pam. Y luego la puse a cuatro patas.

    Sacudió la cabeza. Pequeñas probabilidades. Volvió a encarar la escalera. Dio un paso. Y otro. Y otro. Cerró los ojos. Y otro. Y otro. Volvió a abrirlos.

    -...la mejor mamada de mi vida...

    Irritado, volvió a intentarlo varias veces más, mientras los obreros seguían explicando con pelos y señales sus aventuras sexuales probablemente ficticias. Abrió los ojos por decimonovena vez. Sintió que se mareaba.

    Se encontraba en el mismo lugar, pero ya no era el mismo. La escalera y los obreros habían desaparecido. Las casas se habían vuelto grises y tenían grandes agujeros en sus tejados, incluso en las fachadas. Había un inmenso silencio en el que se escuchaba crepitar algún fuego, ronroneando de placer al devorar la madera y el ladrillo. Desolación y cemento. En el cielo un manto de nubes negras como el ónice.

    Frente a sus pies había un pájaro muerto. Debía haber muerto hacía mucho tiempo porque sólo quedaba el polvo de sus huesos. Pero sabía que era un pájaro porque el polvo de sus huesos había permanecido en el suelo dibujando una silueta de pájaro. Tenía el cuerpo atravesado por una flecha con plumas de uranio, de la que colgaba un mensaje entre amarillento y grisáceo.

    Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. HOY. ¡HOY!

    Lucas no lo entendió. Siguió caminando y el pájaro salió volando, asustado por sus pasos que retumbaban en el silencio del crepitar del fuego hambriento como si hiciera cien años que nadie caminaba por ese asfalto roído por el tiempo. ¿Sólo por el tiempo? Siguió caminando y llegó al parque.

    El parque era ahora un párking. Un inmensa extensión de cemento roído con líneas amarillentas y rectangulares que delimitaban milimétricamente el hueco disponible para cada coche. Todos estaban ocupados, si bien los coches se habían convertido en piedra. Lo que más sobrecogió a Lucas es que no quedaba ni siquiera un esbozo de verdor de aquel parque que siempre había amado.

    En ese momento un avión surcó el manto de nubes negras entre violentas convulsiones. A poca distancia, un rayo eléctrico e irascible lo perseguía desde hacía al menos un siglo. En una de las ventanillas del avión, Lucas vio a un señor calvo que observaba el cristal para verse reflejado a sí mismo, ignorando el desolado paisaje que se extendía a su alrededor. En la cola del avión, con letras de una fuente de publicidad hortera, estaba escrito: Free Air.

    El avión y el rayo eléctrico e irascible que lo perseguía desaparecieron por el horizonte y Lucas comenzó a toser. Una nube de polvo lo había rodeado de repente. Alcanzó a entrever una máscara en el suelo y se la ajustó a la medida de su rostro. Con la máscara ya puesta, pudo ver los neutrones que pasaban audaces a su lado. Se reían de él antes de descomponerse.

    La nube de polvo pasó. Apareció entonces Elisa, esa chica de su clase de cabello castaño con vagas ondulaciones que siempre le había gustado. Lo miró y puso cara de asco.

    -¿Quién eres? Yo quería a Lucas...

    Lucas, con el corazón contraído, quiso decir:

    -Soy yo, Lucas.

    Pero la máscara le impedía hablar. Se la quitó y comenzó a ahogarse. Le faltaba el aire y sus ojos comenzaron a producir lágrimas. A través de una de ellas observó a Elisa envejecer rápidamente. Su voz se hizo metálica y desagradable, incomprensible como las grabaciones antiguas estropeadas. Pronto su rostro estaba cubierto de gusanos. Lucas volvió a encajarse la máscara, que había sido diseñada tras largos estudios científicos para que se acoplara a la perfección a su rostro.

    -Deberías dejar de fumar -dijo Elisa antes de caer muerta.

    Lucas, con el corazón contraído, quiso gritar entonces:

    -¡Nooooo! ¡Elisaaaaa! ¡Te he querido tanto siempre!

    Pero la máscara le impedía gritar.

    Continuó caminando. Se había intentado agachar, pero la máscara se lo había impedido también. Además, el cuerpo de Elisa hubiera resultado intangible, inabarcable a través de tantos años. Continuó caminando.

    Se encontró un huerto. O tenía algún parecido a un huerto. O pretendía ser un huerto. O no sabe por qué pensó que era un huerto si no era un huerto. Era una extensión de cemento. Había un hombre caminando frenéticamente de un lado a otro mientras dejaba caer monedas al cemento. No tintineaban, porque el tintineo es un ruido bello.

    -No hay tiempo. No hay tiempo. Suben las acciones de los cordones de los zapatos -decía mirando su teléfono móvil táctil de última generación y dejaba caer alguna moneda más-. No hay tiempo. No hay tiempo.

    Por extraño que pareciera, el cemento se tragaba las monedas y crecían manojos de billetes. Sembraba dinero. Era un millonario. Los millonarios nunca tienen tiempo de nada. De repente, el señor se quedó parado. Le sacudió una violenta convulsión y cayó. Un infarto. El cemento se lo tragó también a él y emergió un manojo de billetes.

    Lucas continuó andando. Llegó a una fábrica. Tenía en lo alto una gran letra griega π. Entró a la fábrica. Había muchos hombres con poco pelo gris, gafas cuadradas y batas blancas. Y muchos tipos de máquinas. Unas tenían recipientes con líquidos extraños humeantes. Otras, péndulos que oscilaban síncronamente. Había máquinas con piedras inmensas que los hombres observaban átomo a átomo desde hacía al menos un siglo. En otras tenían cerebros sometidos a productos químicos para demostrar que los sentimientos son moléculas traviesas. Finalmente, por encima de todas, aquellas máquinas que creaban sumas, multiplicaciones, derivadas, integrales y, en general, todas las leyes matemáticas. La energía era suministrada a las máquinas desde un generador central que funcionaba con la sangre de animales vivos, vacas, cerdos, cabras, o incluso algún ser humano de clase baja, que eran descuartizados en el momento por métodos optimizados mediante sucesivos estudios.

    En la parte posterior de la fábrica había una puerta que daba a una gran extensión de cemento donde tiraban a los animales y las personas descuartizados una vez se les había extraído toda la sangre. A su lado había un hombre con lágrimas en los ojos, arrodillado, postrado ante tal barbarie. Con los puños cerrados, recitaba sus versos al viento y a todos aquellos que no querían escucharle.

    Debajo de las multiplicaciones
    hay una gota de sangre de pato.
    Debajo de las divisiones
    hay una gota de sangre de marinero.
    Existen las montañas, lo sé.
    Y los anteojos para la sabiduría,
    lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
    He venido para ver la turbia sangre.
    Los terribles alaridos de las vacas estrujadas
    llenan de dolor el valle
    donde el Hudson se emborracha con aceite.
    Yo denuncio a toda la gente
    que ignora la otra mitad,
    la mitad irredimible.
    Os escupo a la cara.
    No es el infierno, es la calle.
    No es la muerte, es la tienda de frutas.
    ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes?
    ¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
    que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?
    No, no; yo denuncio,
    yo denuncio la conjura
    de estas desiertas oficinas
    que no radian las agonías,
    que borran los programas de la selva,
    y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas
    cuando sus gritos llenan el valle
    donde el Hudson se emborracha con aceite.*

    Terminó su poema pero nadie le había escuchado. Le pegaron un tiro y su cuerpo cayó sin hacer ruido. Fue comido por las vacas estrujadas.

    Lucas continuó andando. Llegó entonces a una explanada de cemento cubierta por una multitud de personas que asentían al unísono. Subido en una tarima, un hombre serio con traje y corbata gritaba y gesticulaba. Lucas se acercó a esas personas. Asentían sin saber por qué. No escuchaban porque no tenían oídos. No miraban porque su mirada se había perdido hacía al menos un siglo. Estaban muertos por dentro pero seguían asintiendo, dando palmadas de vez en cuando. El señor que gesticulaba y gritaba no decía nada en realidad. Pero ellos asentían. No tenían oídos y su mirada se había perdido, así que no podían saberlo. El señor sobre la tarima sonreía maliciosamente, regodeándose en su éxito. Mientras continuaba su pretendidamente emotivo discurso vacío, otros hombres que parecían réplicas suyas se acercaron desde detrás a la muchedumbre y les robaron sus carteras. Después también los papeles de sus coches, de sus pisos, les robaron incluso la identidad. Pero ellos estaban ensimismados con el discurso que no podían oír ni ver de un hombre vacío que les robaba, así que no se dieron cuenta.

    Lucas continuó andando y volvió a encontrarse frente a sus pies un pájaro muerto. Debía haber muerto hacía mucho tiempo porque sólo quedaba el polvo de sus huesos. Pero sabía que era un pájaro porque el polvo de sus huesos había permanecido en el suelo dibujando una silueta de pájaro. Tenía el cuerpo atravesado por una flecha con plumas de uranio, de la que colgaba un mensaje entre amarillento y grisáceo.

    Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. Hoy. HOY. ¡HOY!

    -Eh, tío. Tío. Vamos, despierta.

    Lucas notó cómo lo abofeteaban y abrió los ojos. Tenía la frente sudorosa y ardiendo y la cabeza embotada.

    -Buf, menos mal, vaya susto nos has dado, macho. ¿Estás bien?

    Lucas no respondió a su pregunta. Con la mirada perdida, sin escuchar, se respondió a sí mismo.

    -Ya lo he comprendido. No es hoy, es mañana.


*Fragmentos disjuntos del poema “Oficina y denuncia” de Federico García Lorca.

domingo, 3 de febrero de 2013

Tráfico de sueños

De tu mirada me queda
Una oscura soledad de mí mismo en esta cama fría

Cuántas veces he soñado y soñaré
Acaso no supe siempre que los sueños
Eran mentira y me engañaban

Yo me engañaba a conciencia
Como quien droga su realidad para
Hacerla pasable visible esperable
Y no derrumbarse ante la eterna muralla
De la Realidad

Que venga la Nacional y me detenga
Por esta droga que soy traficante de sueños
Los cambio por uno o dos besos
Un polvo o una sonrisa

Da igual al fin y al cabo
Lo importante es el éxtasis del tráfico
Ese éxtasis irreal e inseguro
Como las flores que apenas se sostienen en los días de viento

Poco importa otro verso inacabado
Otro beso al viento otra sonrisa torcida
El tráfico los habrá de reponer por un nuevo sueño
Como se repone el café en los almacenes