martes, 16 de junio de 2009

Aire de amapola



Vuelan sobre el viento las amapolas desiertas.
Ríen, acompañadas por las bromas tristes
que apenas iluminan otra fría mañana.

Podrán ver los demás niños
desde las pequeñas ventanas de sus casitas
su amargo e inocente vuelo sobre el mar celeste.
Alzarán las manos
(esas rosadas manitas tiernas)
como queriendo alcanzarlas
y sus puños se cerrarán sobre el aire.

¡Aire!, gritará el vacío,
¡Nada más, aire!

Aire de amapola.

viernes, 5 de junio de 2009

Poemas surrealistas (influencia de "Poeta en New York")


I


El triunfo de las casetas ahogadas en aguas prohibidas,
de los llantos unánimes tras los filos de plata,
de la madrugada tras la crisis de ratones.
De viento en el vino y raíz sin límites
en la ahorcada alcachofa.

Los rifles centellean tras la angustia de cristal
y grita en el cielo el velo blanco abandonado
de una paloma.
Ya no hay más palabras encerradas,
atadas con una cuerda a la oscuridad inexorable
del camino y las amapolas.

Vuelven a caer grisáceos copos de asfalto
sobre la magnitud cerrada del sol verde
y mechones en las dulces aristas de las esquinas
del rumor apagado de los cuerpos secos.


II

¿No van a dormir los pájaros todos a un mismo callejón?
El azúcar habita siempre en iguales rascacielos altos
y la amargura en los bajos barrios.
Qué más da que el horizonte hable en uniforme muerto
si más negro será al alcanzar la hierba y la tierra verde.
En el frío temblor de una mariposa muerta
existe el grito de una mujer abandonada
y su niño embarazado,
existe el ángel sacrificado sobre el cuerpo del miedo
y la ausente sonrisa de la luna
que extiende su ronroneo en la perdida esquina del gato.
La playa lame la orilla de leve gris ceniza
donde los malditos se ocultan en sus calles de cartón
y vuela la espuma blanca del mar sobre abandonados sueños.



III

La fría quietud negra de la mañana se acumula
sobre el fugaz curso del río rojo.
Los secos cuerpos muertos entregan con pasión
su pequeña alma hecha añicos al diablo.
Tras el lejano cristal de perla se oculta,
asustadiza, la leve amapola gris.
En el cielo amarillento el fuego rasga el horizonte sin límites
y brinda a la muerte en una pequeña copa de vino.
Bandadas de cuervos ocultan las ácidas nubes lluviosas
y las olas de incienso empiezan a hacer estragos
en el inexorable avance del amanecer eterno.
Ya no hay peces más allá del mar.

Poemas 10


Soñaré


Soñaré. Soñaré con todos y cada uno de mis sueños
Aunque esta vasta mole de tierra, piedras y cemento
arranque al sol de su amanecer diario
y la luna se deje llevar por el halo negro del engaño
y oculte a las estrellas en aquella oscuridad infinita, la del cielo.

Aunque un rayo de luz me encierre entre su electricidad doliente
y sea un río desbordado quien me arrastre.
Y vuelen sobre el cielo pájaros negros, invisibles,
que empujen a las lágrimas a resbalar por mis mejillas.

Aunque dé un último paso al borde de un acantilado
y después yazca a sus pies, mecido por la levedad de las olas.
Aunque mi espíritu se interne en la eterna noche de la nada.
Yo seguiré soñando.


Desván olvidado

Bajé las escaleras.
(Crujían bajo mis pies,
carcomidas por las termitas
que dibujaba de pequeño).

Encontré el desván cubierto de polvo,
apilados los recuerdos desordenados;
por aquí, por allá,
y en algún rincón el amago roto de un sueño.

Me lamento ahora. 
Por el desván carcomido por el tiempo.
Por los sueños que el polvo rompió y la escalera crujiente bajo mis pies.


Me voy.
¿Quién no olvida cómo ser pequeño?


Lejos

Lejos...
lejos...
lejos...
Allá fueron los sueños perdidos y rotos.
Allá. Entre susurros
y murmullos de la brisa de otoño.
Lejos.

Caminando sobre la leve estela del olvido,
queriendo volar y cayendo.
Oculto entre sus alas,
el último suspiro de la muerte.
Las frías tardes de invierno
escondidas en la almohada, también fría y blanca.
 Los copos de nieve deslizándose
por la ventana y su cristal huidizo.


Lejos, en el horizonte, se pierden los sueños.
Vuelan como pájaros de arena
disueltos en el viento.

Solo

Estoy solo, solo, solo. Sólo rodeado de negro. Oscuridad. ¿Una luz allá al fondo? Levanto la mano. Se desvanece el hechizo. No. Fue solo una ilusión, no hay luz ni allá ni acá...

Hace tiempo que las piernas me fallaron. Y los brazos y todas y cada una de las partes de mi cuerpo. Sólo estoy sentado. Solo. Ni siquiera sé por qué sigo aún aquí. Por qué sigo aún "con vida". Ya no oigo mi respiración ni siento los ya antes tenues latidos de mi corazón. ¡Ay, mi corazón! Donde este estaba ahora ya sólo hay un vacío más inmenso aún que el que me rodea.

No sé por qué sigo vivo. Si tan siquiera puedo soñar (ni por sólo un momento) y tener esperanzas para continuar apretando el cuchillo que, entre mis manos, atraviesa el vacío (antes un corazón enamorado). Emite un leve resplandor frío azulado. Solo, solo, solo.

Encerrado en la oscuridad


Abrí los ojos bruscamente, como quien despierta de una mala pesadilla, pero de poco me sirvió, pues todo estaba oscuro y seguía sin ver nada. Con los ojos bien abiertos, deshice los puños que habían formado mis manos y extendí al máximo los dedos para comenzar a palpar el suelo a mi alrededor. Era frío y húmedo. Apoyándome en las manos, me incorporé lentamente hasta quedar sentado, intentando no hacer ningún ruido, pero el roce de la piel de mis manos con el suelo emitió un desagradable ruido que me dio un buen sobresalto. Con el cuerpo ya temblando ligeramente y las pulsaciones aumentando a medida que lo hacía mi miedo, me levanté del todo.

Giré la cabeza hacia todos los lados, pero no, estaba todo oscuro aún y yo seguía sin ver nada. Di un paso tembloroso que hizo que un ligero murmullo reverberara, por lo que también deduje que cerca de mí había alguna pared. Un escalofrío recorrió mi espalda. Avancé otro paso, intentando de nuevo hacer el menor ruido posible pero sin conseguirlo, ya que temblaba tanto que me era imposible controlar la fuerza con la que pisaba. Di algún paso más, con las manos tanteando el aire que había delante de mí, sin encontrar nada. Finalmente, toqué algo. Di un leve brinco por la sorpresa, pero me tranquilizó ver que se trataba de una superficie lisa. Seguí palpando y llegué a la conclusión de que había encontrado la pared que antes había supuesto. Continué palpando la pared hacia mi izquierda y enseguida llegué a una esquina. Después otra y otra y otra y otra. Como todas eran más o menos ángulos rectos deduje que me hallaba en una habitación cuadrada (más o menos había notado la misma distancia de una esquina a otra) y que ahora me hallaba de nuevo en la primera esquina que había encontrado. Me quedé algo más tranquilo al saber la forma que tenía la habitación donde fuera que estuviese. De repente me paré a pensar y me di cuenta de que no había notado ninguna puerta, ni siquiera un leve resquicio que diera opción a una puerta secreta, todo era liso. Un escalofrío más fuerte que el anterior me recorrió la espalda de arriba abajo. Estaba encerrado.

Me dispuse a volver al centro de la habitación (que según mis cálculos es donde había empezado), mientras mis manos seguían tanteando el aire vacío. De pronto, mis manos tocaron una forma irregular. Me quedé paralizado, con los ojos muy abiertos y el corazón latiendo desbocado. Solo pude mover las manos y descubrir que la forma irregular continuaba y también, al menos esa impresión me dio, se movía. Entonces recuperé la movilidad de mi cuerpo y trastabillé hacia atrás hasta que caí sentado. Me cubrí rápidamente la cara con los brazos, cerrando los ojos y esperando lo peor. Sin embargo, después de unos segundos todo seguía oscuro, en silencio y sin que nada ocurriera. Poco a poco fui quitando los brazos de delante de la cara y me levanté. Cogí coraje y volví a donde había encontrado la forma irregular. Tanteé el aire. No había nada, lo que fuera que hubo antes había desaparecido. Los temblores que sacudían mi cuerpo se hicieron aún más fuertes.

De repente, oí el chirrido de una puerta vieja y oxidada al abrirse. “Imposible”, me dije intentando tranquilizarme, “todo sigue igual de oscuro y ya comprobé que no había ninguna puerta”. Seguí escuchando, paralizado, con la mano aún haciendo un intento fallido de encontrar algo en el aire, y oí unos pasos que se me acercaban desde en frente. Empecé a temblar aún más violentamente y a tener espasmos, siguiendo sin poder moverme mientras oía los pasos acercarse poco a poco, resonando vibrantes, hasta que finalmente se pararon cuando ya estaban a mi lado. Lo único que pude hacer fue encogerme cuanto pude y volver a esperar lo peor. Sin embargo, volvió a transcurrir el tiempo y no pasaba nada, ni se oía ya un solo murmullo. Levanté la cabeza con cuidado, con miedo y el cuerpo temblando bruscamente y miré a mi alrededor en un acto instintivo, pero de poco me sirvió, pues todo estaba demasiado oscuro como para ver nada.

De nuevo no pasaba nada, que raro. Para mi horror, volví a oír un leve murmullo. Pero esta vez no eran pasos acercándose ni el chirrido de una puerta al abrirse, esta vez era algo distinto. Siguiendo a mi intuición y mi oído, me acerqué hacia una de las paredes, descubriendo de esta forma el origen del ruido: las paredes se estaban moviendo hacia el centro, de tal forma que llegaría un momento en que me aplastasen. Llevándome las manos a la cabeza y abriendo los ojos como un loco, empujé con toda mi fuerza la pared que tenía delante, pero siguió sin ceder. Después cambie a la pared a mi izquierda. Y volví cambiar y volví a cambiar. Así sucesivamente, en un intento en vano de detener su inexorable marcha. Finalmente agotado, acudí de nuevo al centro de la habitación. Me senté, hundí la cabeza entre las rodillas y empecé a sollozar fuertemente. Sin ninguna razón aparente, de repente ceso el murmullo: las paredes se habían detenido. Dejé de llorar, sequé las lágrimas que aún quedaban por mis mejillas y levanté la cabeza, ya sin esperanzas de que esto llegara a parar en algún momento. Noté un frío contacto en mi espalda. Sin siquiera ya volverme, arrebatado por la locura, empecé a rodar por el suelo profiriendo gritos salvajes. El contacto paró durante un momento para después volver de nuevo el chirrido de la puerta y el eco de los pasos acercándose. Después el murmullo de las paredes rozando contra el frío y húmedo suelo y de nuevo el contacto frío en mi espalda. Paré de gritar, sollozar y rodar, quedando tumbado hacia arriba. Durante unos instantes no se oyó nada. De repente, estallé en una risa tan estremecedora que cualquiera con solo oírla habría enloquecido.

viernes, 22 de mayo de 2009

Cartas abandonadas


-30 Yach


Me persiguen. Ayer caminaba tan tranquilo por las cálidas calles de Mahm cuando noté algo detrás de mí. Era un grupo de varias personas, serían unas cuatro o cinco, no puedo asegurarlo ya que en cuanto notaron que los había visto corrieron detrás de mí, lanzando drags a diestro y siniestro. Corrí intentando huir, mientras esquivaba las afiladas dagas. Una pasó rozando mi costado derecho. Fue una suerte que no me diera, pues, como sabréis, su veneno es mortífero. Me pregunto quién o quiénes y por qué tendrán tanto interés en mí, un simple viandante, como para venir con semejantes armas. Desde luego, han de ser seres poderosos como para desperdiciar tirando un armamento tan codiciado por tantos otros.

Y aquí me encuentro, en esta cueva no muy lejos de Mahm, algo después de pasar el río Llel. Para llegar aquí tuve que correr a más no poder entre el denso bosque que hay poco después de la salida oeste de la ciudad, donde conseguí perderlos. Tengo miedo. No puedo dormir mucho tiempo seguido sin que despierte sobresaltado creyendo oír en el silencio de la noche sus pasos acercándose. La verdad, es una tontería, son extremadamente silenciosos y si se lo propusieran podrían estar a mi lado sin que me enterara. Ahora que lo pienso, creo que he permanecido demasiado tiempo oculto en esta cueva, si sigo así me encontrarán. Me voy.


-25 Yach

Había supuesto bien. Según salí de la cueva los oí no muy lejos, hablando en su extraño dialecto siseante. Es una suerte que no hablen mi idioma, así no entenderán mis cartas y puedo descargar tensión escribiendo, siempre es un buen método –no me importa saber que posiblemente nadie vaya a leerlas-. Como decía, los oí no muy lejos al salir de la cueva, por lo que me alejé rápidamente corriendo, intentando hacer el menor ruido posible. Lamentablemente, sus oídos son muy finos y el apenas audible susurro de mis apresurados pasos no les pasó inadvertido. Emprendieron mi persecución alocadamente de nuevo. Por lo menos esta vez no me tiraban drags, pues hasta su pequeño cerebro comprendió que estaban demasiado lejos. Digo “pequeño cerebro” hablando en general de ellos -creo conocerlos-, pero me temo que sí que hay alguien más astuto dirigiéndolos, pues sino no me hubieran podido perseguir con tanta precisión. Además, cuando intenté tantear sus mentes –que, ahora sé, son 6-, había uno que tenía una firme barrera que no me permitió averiguar nada sobre él.

Tras dejar ya muy atrás Mahm en estos 5 días que han pasado, mi carrera me llevo hasta el Valle de la Fuente Roja, donde ahora mismo me encuentro, escondido entre unos arbustos cercanos a un riachuelo cuyo nombre no sé, aunque tampoco es de extrañar, ya que es tan pequeño que solo lleva agua cuando llueve abundantemente y posiblemente ni siquiera se encuentre en la mayoría de los mapas de Rihr, ni siquiera en los de esta región, de Lohg. También no muy lejos de aquí vislumbré una cueva, pero creo que lo más sensato es dejarme de cuevas al menos de momento, ya que sería demasiado predecible para mis perseguidores que me volviera a esconder en una de ellas –además añadiendo que es el lugar propicio para esconderse-. Además, hay un montón de animalillos cerca de mi actual escondite, todos ellos fáciles de cazar. Incluso he encontrado un riuk –ahora mismo según escribo estoy acabando de comerlo-, y ya es raro encontrarlos, con lo sabrosos que son y lo poco que les sirven sus atrofiadas e inútiles alas para correr y escapar de los depredadores. Ahora más que nunca, me he dado cuenta de que tiene un sabor exquisito. Y bueno, creo que me voy a ir de aquí, ya he pasado suficiente tiempo para descansar y cuanto antes ponga tierra de por medio entre ellos y yo mejor.


-15 Yach

Es increíble. Cada vez me cuesta más dejarlos atrás. Me han estado persiguiendo 10 días seguidos, sin dejarme apenas parar para recuperar el aliento. Creo que su jefe ha estado indagando en mi mente sin que lo supiera –mientras yo estaba demasiado ocupado pensando en perderlos-, van comprendiendo mejor mis formas de escapar y se anticipan a mis movimientos. Es horroroso. Eso sí, no todo es malo. Intenté perderlos, tras recorrer el Valle de la Fuente Roja hacia el norte –trayecto durante el cual encontré y disfruté de otro riuk-, en los empinados y estrechos senderos de las Montañas Escarpadas, donde un viajero con poco cuidado o equilibrio puede caer fácilmente al fondo de la profunda Falla del Infierno. Aunque no conseguí perderlos a todos, a dos sí, y para siempre, ya que los confundí con la mente haciéndoles creer que había una empinada pero posible bajada a un lado de un sendero y que por ahí había bajado, haciendo que intentaran bajar y, como no había bajada posible, se precipitaran hasta el fondo. Dos menos.

Después recorrimos la parte sur de la región de Uhk, sorteando sus enormes lagos de agua verde, ahora también helados, pareciendo inmensas esmeraldas. Ahora estoy perdido entre los árboles de hojas rojas del Bosque Sangrante. Cada vez tengo menos esperanzas ya de perder a mis perseguidores.

Voy a intentar salir de este infierno vegetal rojo.


-5 Yach

Sigo vivo, aunque cada vez están más cerca de atraparme, no sé cómo lo hace pero el jefe cada vez parece más poderoso y adivina mejor mis movimientos. Eso sí, ya solo le quedan dos súbditos, he conseguido acabar con otro. Sin embargo, me temo que aunque acabara con los otros dos seguiría pudiendo conmigo. No sé donde me encuentro, pero poco importa esto, simplemente voy a donde la intuición me lleva –aunque sospecho que esta me está fallando-. Ya solo quedan 5 días para que acabe el año. Casi me avergüenzo de decir que tengo esperanzas de que –de alguna forma mágica e imposible- todo cambie en este nuevo año. Zihn, que tan cercano estás; por favor, tienes que ser mi año de suerte.

Creo que se acercan. La persecución continúa. Me empiezo a cansar de este juego…


-999 Zihn

Apenas pude escapar el otro día milagrosamente por favor divino. Si no estuviera ya completamente desesperado empezaría a creer en algún dios que me pudiese ayudar. No podéis imaginar el poder del Jefe. Ahora ya no me cabe ninguna duda, cada día aumenta. Quizá Él sí sea un dios. No encuentro otra posible explicación. Cada día que paso en este mundo es una completa hazaña. Dudo que muchos seres pudieran haber conseguido lo que yo he hecho.

Cada vez me pierdo más, nunca había estado tan lejos de mi querida ciudad natal, Mahm. Esto también disminuye mi moral, ya son cientos, miles o quién sabe cuantos gongs lo que me separan de ella. He recorrido valles, montañas, bosques, grandes ríos, pequeños riachuelos… y ahora he llegado a un desierto. Desierto, precisamente así me encuentro yo, mis fuerzas flaquean, hace tiempo que no como ni bebo, no me quedan siquiera ganas de dar un solo paso más. Simplemente estoy tendido en la arena. Escribiendo lo que creo que va a ser mi última carta –y por una vez en estos últimos tiempos mi intuición no va a fallar-.

Un momento. Acabo de oír algo. Sí, son pasos. Dos personas. Ellos –ya solo le queda un súbdito, se me olvidó decirlo, aunque tampoco importa, una ínfima parte de Él se bastaría para acabar conmigo, aún más ahora-. Me han visto. Se acercan. Pero esta vez no voy a escapar. No. No tengo ganas ni fuerzas ya. Esperaré. Esperaré a que lleguen. Sí, ya están cerca. Cada ve queda menos para mi salvación. Para acabar con este tormento. Apenas les quedan unos pocos pasos. Ahora sí tengo esperanzas. Enseguida podré ser libre y volar hacia aquel horizonte anaranjado donde el sol se pone, como si fuera un pequeño alin con sus bellas alitas pálidas al viento.

martes, 7 de abril de 2009

Poemas 9


Silencio

Llega con la noche la blanca melodía del silencio.
Un suave murmullo mudo e indefinido.
La certeza de que nadie sabe lo que sabe.
No hay palabras para explicarlo.

Nunca pasa nada, pues solo hay silencio.
Nunca vuelan los pájaros, nunca huelen las flores.
Nunca. Solo la blanca y triste melodía en la noche.

Los rayos de sol no lo atraviesan (huyen).
Las diminutas hormigas lo evitan y se mudan
a sus refugios de polvo subterráneo.
Solo las lágrimas y lo oscuro acuden a su encuentro.

Buscadlo, amigos míos. Lo podréis encontrar
en un rincón frío o en un mar oscuro al atardecer.
En la suave brisa y la calma de un bosque tenebroso.
Lo podréis encontrar con palabras mudas, vacías,
en la noche que envuelve al cementerio.

Dejad que os inunde como una corriente de agua fresca,
rejuvenecedora. Dejad que los recuerdos con dolor y lágrimas
inunden vuestra mente. Aprenderéis entonces a olvidar.
Y amaréis el silencio.


Si vuelo...

Si grito, derramad mis chillidos en un tarro de cristal,
en un desierto, para cuando caiga poder observarlos, mudos y sedientos.
Si canto, derramad mi voz sobre la calle solitaria,
para que los paseantes, melancólicos, comprendan, al fin aliviados.
Si río, silenciadme con una grave nota de piano,
para que los pájaros no aleteen y huyan, furiosos.
Si miro, mirad conmigo y observad en la noche el cielo,
para que las estrellas, intimidadas, se sonrojen y se oculten a nuestra mirada.
Si camino, no sigáis mis huellas hasta el fin del mundo,
no ardáis conmigo en penas, desamores, lágrimas y muertes.
Si vuelo, olvidad bajo vuestra sombra mi alma triste al viento,
y sonreiréis, viendo alegres y armoniosas vuestras vidas.
Si escribo, no leáis mis palabras, ni seáis víctimas del engaño
de las fantasiosas letras con las que un inocente niño conquistará el mundo.
Si amo, envidiad a mi amada entre mis brazos y mis besos,
envidiadla a ella, bella y misteriosa, la única perfección del mundo.
Y si lloro, llorad conmigo, amigos, venid y seguidme...
por los senderos del olvido.
(Cuando calle, llamadme a cabalgar con vosotros, espíritus de la noche,
y escuchemos, con el viento en nuestros oídos, las palabras,
blancas, puras y místicas, del desamparado silencio.)


Sueño

Ruido de motores con la llegada de avión.
Los pasajeros bajan, equipaje en mano.
Cada uno busca a sus respectivos familiares, amigos.
Pero él no, él busca a alguien especial.
Mira hacia todos los lados, con el corazón fuertemente
apretado contra el pecho. Al fin la encuentra.
Se ven. Una sonrisa aparece en sus caras.
Ya no hay aeropuerto, ni pasajeros, ni equipaje en mano.
Se enlazan en un abrazo.
Parece que el tiempo para, pues es una eternidad
lo que están abrazados. Pero al fin se separan.
Posan sus miradas, intensas, en los ojos del otro
durante un largo segundo. Al fin, reaccionan y se acercan
sus labios a encontrarse. Un instante mágico.
Y siguen olvidando el aeropuerto y los pasajeros,
equipaje aún en mano.

Despierta. Su manos agarran fuertemente las sábanas.
Y su boca la almohada. Pero ella no está.
Tampoco hay aeropuerto ni pasajeros (ahora los recuerda).
Solo fue un sueño.
Se incorpora, mira a su alrededor: habitación vacía.
Una luz grisácea entra por la ventana. Y la lluvia repiquetea.
Sale de la cama, descorre la cortina y mira a través del cristal.
Observa la madrugada muda y el cielo oscuro y lloroso.
En el horizonte (allá lejos), un pájaro de arena se hace polvo
y se diluye en el viento. El viento nostálgico
que arrastra el amargo perfume del recuerdo
y el ácido sabor de una lágrima.

Más allá del horizonte, solo un parque olvidado. Solo.


Las murallas de cristal

Llaman mis labios a tus puertas de cristal,
entre el triste y blanco paisaje helado,
mi voz se pierde en el eco
de las inmensas murallas del palacio.

Tu respondes, tras los candelabros grises
y la voz metalizada de un telefono,
palabras efímeras que el viento pierde
y el tiempo engaña.

Nos miramos fijamente a los ojos,
con la mirada prendida de las manos empuñadas,
mientras nuestros ojos tiemblan de angustia
y una lágrima triste cae por nuestra mejilla.

Entre sábanas blancas temblamos esperando
la llegada del amado por la ventana,
que se filtrase entre los gruesos barrotes
de nuestra celda de cristal.

Arañamos las murallas con nuestras uñas,
y a dentelladas, hasta que boca, dedos
y cuerpo se convierten en polvo de arena
sobre la nieve escarlata.

Y entonces, solo entonces, el castillo invisible
se evapora y asciende entre las nubes
(y juega con nuestros sueños de cristal).
Y quedan ya libres de encontrarse nuestros cuerpos muertos.


Un tronco hueco

Era un tronco, un simple tronco herido, caído,
sobre la hierba verde cubierta de nieve.
¿Quién hablará de él cuando en polvo se convierta?
Nadie... quizá tan sólo aquel pájaro
que sobre él posó en busca de su presa.
Aquellas hormigas orgullosas de cruzarlo
con sus diminutas patitas negras.
Los ratoncillos que encontraron en su interior hueco
un refugio contra el invencible enemigo de la lluvia.
Un anciano que sentó a ver jugar a los niños
sobre la hierba, o estos mismos que hicieron del tronco
parte de sus cálidos juegos.
Un solitario joven que acudió a llorar en silencio.
¿Por qué iba a recordarlos el pobre tronco,
a todos ellos, hendido por un rayo,
y convertido en polvo y en nada su recuerdo?
Si ellos también lo olvidarán (si es que alguna vez lo recordaron).
No... quizá tan solo aquella pareja de enamorados
que, solos en el parque del tronco hueco,
rozan por primera vez sus labios.


Palabras... solo palabras

Quisiera llorar palabras para escribir lo que siento,
diluir las amargas gotas de tinta y el frío papel blanco
entre un par de lágrimas melancólicas.
Pero no, no hay tales palabras (lágrimas),
ni tampoco puedo gritar, pues la hoja perdería mis gritos,
rebotados contra su fresca pureza blanca.
No hay tales lágrimas.
Entonces, me pregunto por qué hablo y por qué escribo
(o por qué las palabras no hacen lo que les ordeno).
Tengo que buscar, entonces, tras el cristal de la ventana.
Busco y encuentro las frágiles gotas de agua,
los áridos copos de nieve, la arena húmeda del desierto.
Y el silencio, escondido en el fondo.
Entonces comprendo. ¿Qué comprendo?
El impotente silencio de las palabras.


Pronto

Pronto volveré a sentir tu mirada profunda y fija en mis ojos.
Pronto te veré a lo lejos, en la calle, y acudiré a tus brazos.
Los sueños ya no serán sueños rotos ni mentiras,
serán verdades y la verdad ya solo serán sueños,
olvidados por otros mejores, pronto.
Pronto no deberá esperarnos más nuestro parque melancólico,
una luz lo iluminará, azul, a reflejo de un cielo sin nubes.
La hierba marchita reverdecerá para que las ardillas correteen
y los pájaros volverán a cantar en las floridas copas de los árboles.
Ya no habrá cemento artificial humano alrededor del parque,
solo verde, verde, verde. Brillante. Sólo nosotros solos. Sólo.
Y besos de amor alrededor nuestro.

Relatos cortos

I - Desamor

La calle era oscura y estrecha. No muy lejos trazaba una esquina y se perdía a mi vista. La esquina por la que acababa de perderse el último fragmento de ella.

Me encogí sobre mí mismo, sentado en el suelo, y enterré la cabeza entre mis rodillas. Intenté parar las lágrimas, pero fue como si hubiera intentado detener un maremoto con un simple palo de madera. Frágil, se partió en mil pedazos antes de que quisiera darme cuenta. Los recuerdos volaron rápidos por mi mente. Todos los momentos, los instantes a su lado. Los abrazos, las sonrisas. Las miradas, los besos. Los "te quiero". Todos. Perdidos. ¿Serán alguna vez olvidados? "No...", dice una
vocecilla en mi interior (¿será el corazón?), "solo hay un amor verdadero en cada vida, solo, y el mío acaba de irse por esta calle resbalando sobre la esquina. Y lo peor: sin mirar atrás."

No, ya no hay vuelta atrás, las lágrimas ya forman un charco en el suelo y no, ya no hay vuelta atrás. Todos estos sueños rotos... ¿qué son ya sino mentiras? Ahora, por fin (¡ya tarde!), comprendo... solo hay un sueño verdadero... el que nunca acaba. Aquel pájaro que trinó en nuestro corazón ha muerto, y ahora huye. Quizá deba hacer lo mismo. Quizá deba huir y no volver. Y volver a huir... Huir a aquel sueño que, ahora sé, siempre he estado buscando, aquel sueño oscuro y desierto, vacío, donde yo (ahora ya nada) pueda
serlo todo. Aquella melodía muda que siempre creí oír de fondo. En el fondo de nada. Un sueño de verdad...

Vuelve a mis ojos el charco de lágrimas en el suelo. Miro a mi alrededor. La calle, oscura y vacía (melancólica). El cielo, plomizo, comienza a descargar su llanto. Mis lágrimas se entremezclan con la lluvia en una combinación odiosa (de amor).

Voy
distanciándome poco a poco de la calle. El silencio se va amortigüando hasta también desaparecer. Y la lluvia. La oscuridad penetrante acaba de envolverme con su frío manto. Por fin, un sueño de verdad... Ya nada queda, nada soy, solo queda tiempo de dedicarle dos palabras en este último instante... Te quiero.


II - Los Guardianes

Los Guardianes esperaban la llegada del rey de Augsbech. Todos los preparativos estaban hechos: estandartes, tapices, habitaciones, mesas, banquete... no faltaba nada. Sin embargo, el Rey seguí sin venir. A decir verdad, hacía mucho tiempo que debía haber llegado. Tanto que los Guardianes ya habían perdido la cuenta y, uno a uno, pronto fueron muriendo (a pesar de la larga vida de la que disponían). Pero sus cuerpos quedaban sin más, inertes y fríos, sin caer y sin moverse, como si esperasen aún después de muertos.

"Qué triste vida", pensó una mariposa al llevarle su vuelo cerca de los Guardianes, "la de las estatuas. Esperan, sin saber cuánto ni cuándo ni por qué, simplemente esperan. Por siempre... y por nunca".


III -Extraterrestres

Recientemente, llegaron unos extraterrestres. Nadie se alarmó, no tenían nada de especial. Bueno, quizá sí: eran de otro color (verdes, rojos, violetas, amarillos, azules... en fin, cualquiera menos blanco). Por ello los discriminaban. Decían que solo era lo puro es bueno, lo de aquí (¿por qué puro lo de aquí?), y que solo hacía falta mirarles a la piel para ver que venían de otro planeta. Les daban los trabajos más duros, pero nadie protestaba. Y lo peor, interminables años de papeleo. A los que no lo hacían, se les mandaba de vuelta a su planeta en el medio más barato que se encontrara. Como si se perdían por el camino, ¿qué más daba? ¿Acaso iban a quejarse? Ellos, encima de que se les había dado la oportunidad de estar con los buenos, los verdaderos...


IV - Su cuchillo azulado

Corría por un bosque ensangrentado (no sé de quién sería la sangre), iluminado por la pálida y temblorosa luz de la luna. Sus pasos me seguían, retumbantes en la oscura noche que no envolvía todo. Pretendía huir, dejarla atrás, a ella y su cuchillo azulado. Y corría, corría, corría. Por el bosque ensangrentado.

Pronto pensé que había escapado. Me paré en un claro, resoplé por el esfuerzo y, después de recobrar el aliento, grité, entusiasmado. Me había costado, pero lo había conseguido, al fin. Un destello azulado, el frío que empezó a subir por mi pierna y salí de mi error. Por fin comprendí que nunca escapaba uno sino de sí mismo. Al mismo tiempo, la vida escapaba como
volutas de humo por el aire desde mi corazón. Caí, y mi cuerpo quedó tendido sobre la hierba, bocabajo, pálido y frío, azulado a la luz de la luna.

jueves, 19 de marzo de 2009

Poemas 8

El aula

El sol reverberaba a través de los cristales,
cayendo cálido sobre la madera gris
y proyectando sus sombras sobre los cuerpos,
tristes, que algún día volarán al viento.
El aula estaba llena de una voz
que trataba de sacar a los frágiles cuerpos
de sus sueños con palabras serias y números.
Las sucias lámparas y la pobre calefacción
pasaban desapercibidas en su tristeza muda,
emitiendo relámpagos de oscuridad y frío.
La vieja y antes blanca pared se elevaba,
en apariencia fuerte, llena de manchas grises,
y gemía, también triste, sola y melancólica,
la inmensidad que envolvía a los sombreados cuerpos.
Solo había vida en un rincón apartado,
un rincón donde un despistado alumno, sin atender,
dejaba volar los sueños en su mano,
escapándose en volutas de humo y suspiros
por los cristales plácidos, abiertos,
y los rayos de sol, resplandeciente en lo alto.


El pájaro muerto


Distribuyen los rayos tormentas por doquier
sobre la hierba de una vida triste.
Los labios lloran palabras de amor, ya sin sentido,

silenciadas por las ardientes lágrimas
de aquel beso que nunca llegará a estallar.
Puede que una rueda gire en el parque,
silenciosa, melancólica, y sin pararse.
Para esperarnos por siempre. Por nunca.


La tumba del pájaro yace sobre la hierba,

seca, y sobre el mar, oscuro.

Quién pudiera haber gritado un susurro

en nuestros oídos, y decirnos que no hay
sueño sino mentira, que no hay cristal sino lluvia.

La bandada seguirá con su caminar ruidoso sobre el viento,

sin darse cuenta de la pérdida, ínfima, de dos individuos.
Tampoco escucharán
los susurros de amor.
Se los llevará el viento.


Y ya no habrá truenos, ni luces (ni tampoco oscuro).

Ni lluvia tras los cristales (ni ventana).

Ni lágrimas. Ni parque. Ni sueño. Ni mentira.

Ya no habrá viento que se lleve los susurros,

pero ellos tampoco estarán. El amor será perdido (imposible).

Ni gota de agua, vacía y sin vida.

La rueda parará, pero ya no tendrá importancia.

El pájaro seguirá muerto.



El avión vacío

La triste plaza yace, vacía, en un viernes caluroso.
Miro por la ventana. Rayos de sol reflejados en los coches.
La hierba mecida suavemente por la brisa,
como el mar, aquel mar del horizonte,
lejano, perdido, con sus olas.
Verde parque con sus agujas de pino,
bordeado por franjas oscuras, artificiales.
(Qué bella la naturaleza, qué amargas las calles).

El cielo se eleva inmensamente azul, sin nubes,
tras el largo y duro invierno, frío.
Las minúsculas patitas de las hormigas van
de un lado a otro, vibrantes, sin hacer ruido.
Se esconden en su hermoso mundo subterráneo
para huir de la humanidad, fría y desierta.

Pero eso no es lo que quería contar.
Dejad atrás las hormigas, la hierba, el cielo.
El sol (que me ilumina a través de la ventana).
Los pálidos reflejos que esbozan los coches aparcados.
Eso no es lo importante. Solo son trocitos de mundo. De realidad.

Lo importante es este parque nostálgico.
El que veo por la ventana. Melancólico, en el que me siento.
En un banco. Tan diferente del nuestro. El soñado.
El lejano. El que no puedo ver. Ni oler. Ni sentir.
Ni tan solo soñar.

Un avión llega ahora mismo. Vacío. Un pasajero menos.

sábado, 14 de marzo de 2009

Diálogo de besugos


(Dos hombres iguales se encuentran caminando, literalmente, por un río).
Hombre 1: -Hola, te llamas Mario.
Hombre 2: -¡Oh! Yo también, encantado.
H1: -Hace mucho que no venía por una calle tan húmeda.
H2: -¡Oh! Sí, parece que va a llover.
H1: No, ayer ya hice carne para comer, vas a tener que esperar al menos hasta mañana.
(El cielo azul se elevaba sobre ellos, sin nubes, y con un sol resplandeciente que hizo brillar el reloj del segundo hombre, el cual tenía puesto al revés)
H2: -¡Oh! Creo que he visto brillar algo dorado. ¡Quizá haya oro en esta calle!
H1: -Me gusta mucho tu reloj, tiene los números al revés, es muy original.
H2: -¡Oh! Arte histórico, ya sabes, como ese de los relojes derretidos, no sé si era Leonardo Da Vinci o Di Caprio.
H1: -No, Di Caprio fue el que escribió "La Gioconda". ¡Anda! ¿Estuvo ella aquí?
H2: ¡Oh! ¡Sí, seremos famosos! Todos los que pisan una piedra por primera vez lo son.
(Ambos esbozan una ilusionada e inocente sonrisa, como la de un niño al recibir una piruleta).
H1: -Pero no estamos pisando una piedra, estamos pisando esta calle húmeda. Que, por cierto, es demasiado larga y sigo sin ver ningún edificio, solo el parque este por todos lados.
(Se quedan un momento los dos parados, pensando. De repente, el primero sale corriendo hacia el borde del río y pisa una piedra).
H1: -¡Ahora sí que seré famoso! ¡Pero yo y solo yo! ¡Muajajajaja! (risa de psicópata).
H2: -¡Oh! ¡Serás...! ¡Ahora te enterarás!
(Se tira a por él, pero falla, cayendo al suelo.)
H1: -¡Olé! Como una vez le dije a un ácaro: ¡esta vez tú muerdes el polvo!
H2: -¡Oh! ¡Qué chiste más malo!
(Ambos empiezan a reir a carcajadas y el segundo también cae al suelo por la risa. Después de un rato, se levantan y siguen caminando).
H1: -¿Qué dura es la vida, verdad?
H2: -¡Oh! Sí, parece que te vas a encontrar una piedra y al final son dos.
H1: -Y luego nos hacemos famosos. Bueno, no, ¡me hago famoso! ¡Muajajajaja! (Risa de psicópata de nuevo).
H2: -¡Oh! ¡Serás...! ¡Ahora te enterarás!
(Se tira a por él de nuevo y esta vez sí acierta y caen ambos al suelo).
H2: -¡Oh! Como yo le digo a un hombre que me he encontrado poco antes de que lloviera: la vida son tortitas de maíz, mi querido pardillo.
H1: -¡Qué gran frase!
(Ambos empiezan a reír de nuevo a carcajadas. Después de un rato, se levantan, empapados, y siguen caminando).
H1: -Noto un cosquilleo entre la ropa.
(Un pececillo resbala por su camiseta y cae de nuevo al río).
H2: -¡Oh! Será el cambio climático, he escuchado que es muy malo.
H1: -¡Y la crisis! Dicen que hay que apretarse el cinturón, yo ya tengo unas marcas...
H2: -¡Oh! Bueno, volviendo al tema, ¿por qué venías por aquí?
H1: -Pues nada, acababa de tomarme un helado, oí unos pájaros y decidí venirme por aquí a ver una obra de teatro.
H2: -¡Oh! Parecido que yo: acabo de ver una obra de tratro, oí unos pájaros y decidí venirme por aquí a tomar un helado, antes de que llegue la tormenta y se derrita.
H1 (Pensativo) : -Sí, hace mucho que no oigo ningún pájaro.
H2: -¡Oh! Nunca te bañarás tres veces en las mismas aguas de un río. A la tercera va la vencida: te ahogarás.
H1: -Nunca digas nunca, pues si siempre dices siempre, siempre podrás decir nunca lo que dices siempre. Aunque siempre todo el mundo dirá que nunca dices siempre lo que a veces dices nunca.
H2: -¡Oh! Interesante conclusión. Yo no te puedo no decir lo que no es verdad, por lo que no te diré que no has dicho nada con lo que no pueda no estar en desacuerdo contigo.
H1: -Tienes razón, como bien decía yo: la vida es una caja de tortitas de maíz donde para ser famoso solo hace falta tomar un helado en una calle húmeda, ir a ver una obra de teatro en la que no se oyen pájaros, morder polvo en los ácaros o escribir "El Partenón", como la Gioconda. O también ver fantasmas.
H2: -¡Oh! ¿Sabes? Yo creo en los fantasmas. Y los veo. Es más, creo que hasta te estoy viendo a ti. ¡Seré famoso!
H1: ¡Seremos famosos!
Ambos: -Muajajajajajaja (Echan la cabeza a la vez hacia atrás quedándose parados y riéndose de nuevo como si fueran psicópatas).
H2: -¡Oh! Por cierto, yo te he dicho mi nombre, pero tú no. ¿Cómo te llamas?
H1: -Mario.
H2: -¡OH! Encantado, ¡yo también!