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jueves, 2 de agosto de 2012

La noche

Es un lugar o un tiempo.
Es un deseo irreprimible
o una voluntad cierta de conquistar el mundo.
Es una tentación lujuriosa de amor ebrio
y otras drogas del corazón
o una fuente de inspiración oscura
para los contadores de estrellas.
Es un canto, un grito, un murmullo
grave que cala hondo
como un silencio encerrado en un océano,
como un pájaro oculto detrás de un adiós.
Es la lluvia y su sal particular
que se arremolina en torno a  los viajeros errabundos
cuyo lucero se apagó hace tiempo
o aún no ha dejado de brillar demasiado.
Es la vida encerrada en un saco de melancolía,
de formas difusas, de esperanzas ajadas,
de gloria caída sin temor por los valientes.
Una gota de sangre que respira
el morbo de cada gota de sangre derramada,
un misterio que escribe el destino
con versos de tinta invisible.

miércoles, 1 de agosto de 2012

A una chica rubia de ojos claros

Está de pie en el autobús.
Su mirada azul, entre mechones rubios,
se pierde en el candor de las farolas que guardan la noche,
en las calles secas y desiertas
que le devuelven su mirada melancólica sin sonrisa.
Su sonrisa sin sonrisa de corazón
que ha perdido muchas cosas
o tal vez de corazón misterioso
que oculta muchas otras.
Su blanca palidez, su fría serenidad,
la inmutabilidad de su semblante
en contraposición al paisaje de formas engañosas
que pasan corriendo al otro lado de la ventana
conforman una imagen peculiar y entrañable.
Como un trozo de hielo que resiste en su forma con estoicismo
ante las arremetidas de la hoguera que lo rodea.
Como un pájaro cautivo que mueve los músculos
de sus alas cortadas, batiendo un viento imaginario
que lo priva de esa libertad soñada
(que se encuentra en el sol y jamás en la luna).

Su mirada, su cuerpo inmutable y triste,
recalcan la belleza de sus momentos y lugares.
Seguiré observando en silencio.

viernes, 13 de julio de 2012

Más triste que la lluvia

Conozco una palabra más triste que la lluvia:
es un silencio.
Un rincón inmenso donde los sonidos se olvidan de sonar
y la noche se olvida de ser luna y de ser estrellas.
Alzo la vista.
El vaho de la ventana encierra una esperanza sin contorno,
un reflejo indefinido de una imagen perdida de antemano.

Allá afuera: un cuadro sin sentido.
Los azules (oscuros) se apelmazan y lloran
mientras los amarillos (mojados) observan impotentes.
Hay un horizonte de amapolas disecadas.


Mis poros esnifan humo de tinta resecada y marchita
tras tanto uso inútil.
Mis manos se asoman, entre mi cabello, al precipicio
que describe la agonía en su cuaderno de bitácora.
El reloj tintinea las horas
en torno a la playa de ceniza, sacudido por las olas
de espuma que resbalan desde mis mejillas.

Llegaron entonces los rojos y los morados.
Se rieron, con cierto sarcasmo delirante,
de los anteriores. Los humillaron. Es bien triste
quedarse quieto, llorar en silencio.
Más triste que la lluvia.

Por favor. Que alguien me tienda un beso
una mano acaso, un abrazo, un suspiro incluso.
Que alguien se acerque, sí,
y tome mi mano temblorosa y me arrastre lejos
de este silencio que roe mi cuerpo.
No me importa
volver a morder el polvo del camino,
tengo ya su sabor engastado en los labios.

Pero, ¡por favor! Que alguien me lleve lejos
de este silencio,
de este silencio que roe mi sonrisa.
¡Que desempolve mis labios con mil besos
de luna seca!
¡Por favor!
¡En mi corazón se atraganta el olvido!

Luna, luna, luna.
Y uno y dos y tres.
El silencio, como las ratas,
roe mis pies.
Espero de pie una mirada
que cambie el mundo.
Y uno y dos sin tres.

martes, 10 de julio de 2012

La humanidad escupe al mundo

Abro la ventana y admiro la fría quietud de la noche,
el silencio se extiende desde los edificios apagados
y las calles solitarias.
Una brisa muda acaricia las pestañas de mi corazón;
su aliento melancólico, ebrio,
arranca lágrimas que trazan senderos de olvido
por mis venas de humor triste.
Admiro la belleza de la noche, del silencio,
de la ausencia de humanidad y me pregunto
si somos dignos ocupantes del mundo
(cuando los rayos del sol apenas bostezan
en el horizonte).

Valdría cerrar los ojos por un instante.
Quedarse a solas con la imaginación.
¿No seguiría adelante la vida sin nosotros,
sin nuestro odio, sin nuestra sed de sangre,
sin nuestro cemento cuadrado y nuestra mente científica
que arrasa la verde naturaleza?
(Y yo te quiero verde.)
Imaginaréis, como yo, un mundo más bello,
un mundo inocente, ingenuo,
como lo fue de niño.

jueves, 28 de junio de 2012

El vértigo de la vida

Quiero emborrachar a mis labios
para que encuentren otros labios al azar
y juntos se ahoguen entre jadeos
en una festividad ebria de vino y deseos.

Quiero despertar a solas en la playa
tras una noche fornicando estrellas
y escribir mi historia en la arena
con tinta de sudor y semen.

Quiero escupirle a la vida,
arrancar las tiritas de moral y de miedo
que cubren mi cuerpo
y no dolerme por las heridas.

Quiero gritar al silencio
que no es nada, que no soy nada,
que nada vale nada de nada
y no merece la pena preocuparse por nada.

Quiero romper contra el suelo
las estatuillas del tabú supersticioso
que nos impiden salir desnudos a la calle,
que nos impiden ser sinceros.

Quiero asomarme a un precipicio sin fondo
y sentir que mis venas hierven
y sentir que mis ojos lloran de alegría,
sienten el vértigo de la vida.


La noche bañará mi cuerpo con la luna
en una orgía de mentiras, poesía y palabras.
Sobrecogerá a mi cuerpo débil
la belleza de una luciérnaga muerta
en el horizonte
donde mis sueños se estrellarán,
se harán trizas, confeti cristalino de mil colores
que arañará mi cuerpo:
no sentiré dolor.
No escucharé a almas ciertas, a científicos seguros,
escupiré en su religión de números;
suspenderé a todos los políticos
de un mismo hilo escurridizo.
Saltaré al Infierno, me bautizaré con fuego,
mi alma blanca se purificará
con todo lo negro, con las venas de humo,
con los cadáveres podridos
y las historias suicidas de los amantes locos.
Escribiré mis versos en cuartetas
que arderán al instante o volarán
hacia un futuro incierto, que caerán,
como mis sueños sin sueño,
a un pozo sin fin, a un horizonte sin retorno.

Amaré el vértigo.


Nota: La idea del "vértigo de la vida" viene inspirada por el libro "La insoportable levedad del ser" de Milan Kundera.

martes, 26 de junio de 2012

Reencuentro con el mar

Mucho tiempo hacía
de mi última visita al mar.
Me recibió con una bienvenida fría
como siempre, pero yo ya estaba acostumbrado a ello.
Nunca me dio bienvenidas cálidas,
no era su forma de actuar.
Le gustaba vestirse de una serenidad
calmosa, otras veces de una rebeldía brava,
pero siempre guardaba ese rostro frío e inexpresivo
ante todo el mundo,
quizá un poco menos a aquéllos
(¿sus amigos?) que lo conocían de hace tiempo.
Pero yo lo amaba de todas formas.
A pesar de sus olas de espuma salada.
A pesar de su rostro frío e inexpresivo.
O, mejor dicho, lo amaba aún más por todo ello.

Mucho tiempo hacía
de mi última visita al mar.
Me recibió con una bienvenida fría,
como siempre,
pero noté una lágrima de alegría
por el reencuentro
que brillaba por un instante
saltando desde la sonrisa de una de sus olas.
Le devolví la sonrisa. Y la lágrima.

sábado, 23 de junio de 2012

El delirio de lo imposible

La noche es magnífica
cuando dejas filtrar en tus venas
su alcohol puro.
No existen las locuras.

Abriría la ventana y lo gritaría
al mundo entero
para que llegara, suave susurro
venido de lejos, a tus oídos.

La distancia se resume
en dos segundos;
el tiempo, en una mirada.
Mis labios cederían a esta locura.
No es tan difícil imaginar
un momento que nunca llegará.

Precisamente por eso imagino.
Es sencillo. No acarrea grandes ejercicios
de pensamientos que agraden a personas grandes.
Ellos no lo comprenden. Me llamarían "estúpido",
me escupirían que son "estúpidas esperanzas vanas".

Les respondería con una sonrisa.
Una sonrisa abierta y amplia
como se abren las flores de primavera.
¡Y aún no lo entenderían!
El regusto salado de la ilógica,
la dulzura de la sinrazón,
¡el delirio de lo imposible!

miércoles, 20 de junio de 2012

Una esperanza vana

Los días pasan. Los exámenes vuelan
y las sonrisas y los abrazos escasean.
El tiempo que deshoja todas las margaritas
va cediendo sus pétalos entre nuestros dedos.
Un amanecer da paso a otro nuevo,
el sol muere para levantarse otra vez
como las flores marchitan para que crezcan otras
de colores aún más vivos.

Las soledades, los juegos se repiten.
También las sonrisas y los abrazos.
Pero jamás los sueños.
Mi corazón ha escrito una canción de cien versos
por cada esperanza vana;
mil, por las que yo dejé marchar.

Pero es innegable reconocer que la vida
tiene un tinte deliciosamente obstinado,
¡es auténticamente maravillosa!
Por mucho que nos pisoteen, que nos humillen,
por muchas lágrimas que derramemos
y aún muchas más para las que no queden
sal o agua,
por muchas palabras que nos arranquen a mordiscos
las curvaturas de los labios (propias o ajenas),
por muchas desilusiones que traguemos,
seguimos levantándonos cada día,
subiendo la persiana y enfrentando al sol
de tú a tú
como una hormiga encara a un elefante,
y seguimos dejando que, de cuando en cuando
y más a menudo de lo que nos gustaría,
alguna esperanza se filtre entre nuestros dedos,
ascienda por nuestras venas malhumoradas
e invada nuestro cerebro o nuestro corazón.
Una esperanza vana, como tantas otras...

martes, 19 de junio de 2012

Las olas

Mis lágrimas son espuma en la noche acristalada
que mece las luces de las farolas.

Hay olas que rompen en mi ventana.
Olas grandes y rugientes, olas de plata oscura.
"Marchad", suplico, la espuma (¿su espuma o la mía?)
forma ya un charco de piedra en el suelo.

Hay olas que se alejan, olas luminosas que se ven
ya pequeñas en la lejanía,
pequeñas aunque sea un gran abismo
el que dejan atrás sus aguas.
"Volved", suplico, alargando el brazo, la mano,
mis dedos. No vuelven. Ya se fueron.

Y aún hay olas que mecen las luces de las farolas,
olas inmóviles, estáticas en su cambio continuo
de encendido a apagado, de luminoso a oscuro,
como si un niño de mano gigante
jugara con el enchufe que conecta nuestros destinos.
Ante éstas guardo silencio. Simplemente,
no hay palabras, no debe haberlas.
Nos observamos. Llevamos ya largo tiempo
observándonos.
Sin que ellas se atrevan a romper o marcharse,
sin que yo decida si alargar mi corazón o murmurar gritando.
Simplemente nos observamos.
Ellas, espuma cambiante, espuma mansa,
en la noche que mece las luces de las farolas.
Yo perdido, olvidado incluso por el azar
entre esos halos donde parpadean y se evaporan mis lágrimas.

martes, 29 de mayo de 2012

Fotografías con palabras

Al principio, intenté elevar mis versos
al panteón de los eternos, los universales,
al canon de la perfección.
Se precipitaron por las escaleras
y quedaron espatarrados contra la pared.

Entonces comprendí que no hace falta elevar
a grandes ideales los simples versos.
La poesía está escondida en las acciones sin sentido,
en los sucesos banales y las cosas vulgares.
Todo tiene su misterio si se observa
con el sentimiento adecuado,
si se piensa con el corazón.

Obviamente, estos versos nunca serán
eternos,
universales.
Nadie los comprenderá excepto yo
(ni siquiera totalmente)
y quizás algún que otro amigo.
No importa.
No buscan ser recordados.
Tan sólo buscan fotografiar con palabras
este o aquel momento concreto.
Y la perfección no existe,
así que las fotografías tendrán,
inevitablemente,
cierto ruido de acciones sin sentido,
de sucesos banales y cosas vulgares.

Hay días que sientes...

No tengo miedo a la noche dorada
en que sé que todo saldrá bien.
Hoy, ahora, podría conquistar el mundo.
Así lo siento.
Pero me da un poco de pereza,
así que me acostaré pronto.

miércoles, 16 de mayo de 2012

A todos los ciegos que no quieren ver

La tinta fluye rápido.
Tiene prisa por evitar
que la noche cierre mis párpados.

Muchas veces me preguntaron quién era,
qué verdad se escondía detrás de este rostro.
La respuesta es sencilla: poesía.

Sí. Hace falta ser poeta para desentrañar
mi alma.
No es algo tan difícil.
Hay muchos más poetas de lo que la gente cree,
pero tienen vergüenza de admitirlo
o, mayormente, no lo saben.
No es algo tan difícil.
Todos lo somos, a veces.

Así, hace falta ser poeta para desentrañar
mi alma, igual que es necesario
ser persona para desentrañar mis poemas.
Y es que mi esencia está escrita en cada palabra,
en cada verso. Pero no en la palabra misma
o el verso. No hay que ser literales.
Literalmente, nunca se comprende nada.
Mi esencia está guardada en su poesía,
a la vista de todos los ciegos que no quieren ver.

Podría seguir escribiendo.
La luna aún no cierra mis versos
y mis ojos chapuceros fluyen rápido.

Anhelo comprender la vida.
Comprenderla en su esencia y en su ausencia
de la forma más pessoana de todas.
Las cosas son, sin comprenderse.
Son por el hecho de ser
pero pierden su esencia al comprenderse.
La esencia de las cosas ocultas.
Todo, cada parte ínfima del mundo
(y también todo), sigue siendo un misterio.
Qué remedio. ¡Y qué alivio!

Es muy fácil hablar, así y ahora
bajo el misterioso influjo de la luna
de estas cosas. Escribir palabras
malsonantes para oídos afilosóficos
o apoéticos. Es muy fácil fingir
que sé de lo que hablo.
Que comprendo mis propias palabras.
¡Ja!
Mis palabras guardan, oculta para los ciegos
que no quieren ver, mi propia alma,
mi propio yo.
¡Y nunca aspiré a comprenderme!

miércoles, 4 de abril de 2012

La curvatura de una sonrisa

Añoro
del verano esos días
donde el tiempo no existía
y cada instante transcurría
como si jamás fuese a acabar.

Y ahora lloro
por los vasos de sonrisas
que dejamos a mitad,
por esas noches perdidas
que encontramos en un bar.

Guardo
la nostalgia ininterrumpida
en una carta de noche en mi mesita,
en un trago de tequila
escrito en versos de amistad.

¡Grita!
El sol aún guarda en su memoria
la historia de nuestras almas tendidas
en la arena.
Y las noches de luna llena.

¡Grita!
Por todos los abrazos que diste sin dudar,
por todas las rosas que arrugaste en el mar,
por todas las veces que prometiste no llorar
y susurraste palabras tristes sin pensar
que tu mirada nunca había dejado de brillar
y en tus labios aún se podía vislumbrar
la curvatura de una sonrisa.

Palabras al miedo

De un artista inconcluso al miedo,
al pánico escénico:
Me quedé sin palabras.

sábado, 17 de marzo de 2012

Culpable

Bajé la persiana dejando a oscuras a la luna.
No podía soportar su mirada juiciosa,
su dedo acusador señalándome:
"¡Culpable".
Ella fue testigo, como todas las noches.

Dejé pasar el tiempo de los besos.
Fui ciego, más de lo que lo somos siempre.
Ahora mis palabras se afanan por salir a borbotones,
sin sentido alguno,
como un barranco descontrolado y salvaje
que llega a tus oídos. Tú escuchas, comprensiva
y sonríes.
Pero ya nada es igual.
Dejé de decir demasiadas cosas,
fui cobarde.
Y el tiempo de los besos ha pasado para siempre.

Sé que ya no tiene arreglo,
pero... ¿pasará algo si juego a intentar lo imposible?
La próxima vez que oiga tu sonrisa
entre la monotonía de los coches y las calles
volaré a tus brazos para entregarte de nuevo
mi locura, mi cuerpo y mis labios.
No me importa que los rechaces.
No me importa que ya estés alejándote,
que mi mano quiera acariciar tu rostro
y encuentre tu silueta vacía,
que ya mi corazón no pueda escuchar tus latidos
a mi espaldas, abrazándome.

Dejé de decir demasiadas cosas,
dejé escapar el tiempo de los besos
y ahora me siento culpable.

Las noches de luna llena

Las noches de luna llena
acostumbro a susurrar a la almohada
palabras bellas y versos.
Y no los escribo ni los guardo
en ningún cajón que los esconda al olvido.
Simplemente los libero al viento,
libres como siempre han sido
y como han de serlo.

Al fin y al cabo, todo acaba perdiéndose algún día.
No hay que lamentarlo. Tampoco buscar la perpetuidad
del arte ni de las cosas.
Todo acaba perdiéndose y no hay que lamentarlo,
sino procurar que vivan su momento
(las noches de luna llena)
y lo vivan bello.

sábado, 3 de marzo de 2012

Columpios y estrellas

Dame tu mano
y te llevaré a ver las estrellas.
Sólo hace falta alargar un poco
el brazo, saltar un poco del columpio
y podrás acariciarlas.

Tu nombre en la arena

Escribiré tu nombre en la arena
y dejaré que pase el tiempo.
Instante tras instante,
el viento irá llevándose
los bordes que trazaron mis recuerdos.
Los granitos de arena se perderán en el desierto,
se evaporarán como lágrimas arrancadas de mis dedos
por una mirada demasiado cruel, demasiado vana.
El viento perderá los besos, poco a poco,
que jamás me diste.

Imposible II

Amo la palabra "imposible"
en toda su inexistencia.
Soy un buscador de esperanzas vanas,
de sueños inútiles
(a eso llamo yo poesía).
Un perseguidor de horas acabadas
y fantasías futuras.
Y cuando terminan...
no importa. Ya llegarán más,
siempre llegan.

domingo, 29 de enero de 2012

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Busco sonrisa triste con la que compartir sonrisas.
Busco mirada soñadora con la que compartir sueños.
Busco labios dulces con los que compartir mis labios.

Busco una llamada en el móvil, una voz
cálida que suena
y no se ahoga en la lluvia
y respira y suspira de nuevo
con la inocencia de un juguete de trapo.

Busco una carambola del destino,
un póker sin alcohol y sin cartas,
una acrobacia imposible de circo
delante de un público cínico y con gafas.

Busco una meta inalcanzable,
un barco sin estela,
un amor sin espuma,
un beso ausente en el mar.

PD: Si alguien aún quiere perseguir mis pasos,
encontrará mis lágrimas aparcadas
en el párking, debajo de casa,
mi esperanza borracha
vomitando en las escaleras
y, en mi cuarto sin cuerpo,
sólo poesía.