sábado, 26 de junio de 2010

Poemas al niño

I

Érase una vez un niño que quiso controlar el mundo entero.

Lo consiguió. Tienen tan poca imaginación los adultos...

II

Una vez oí relatar a un viejo
la historia de un pequeño niño.
Se llamaba como yo
y vivía en un mundo distinto.

Despedida del mundo

Me voy
y se van conmigo las amapolas rojas,
las rosas blancas y negras y los tristes manzanos
que aquel abuelo cultivaba en el huerto.

Me voy
y se van conmigo los valles
los ríos y todos sus afluentes,
las largas cordilleras, volcanes y glaciares.

Me voy
y se va la naturaleza conmigo.
Quedaos con este mundo gris de cemento podrido.
Yo lo repudio.

Las cosas pequeñas

Yo siempre he intentado buscar la belleza, la juventud y la inocencia
de las cosas pequeñas.
Sin embargo, siempre vienen esos amantes (feos, viejos y demasiado sabios)
de las cosas grandes
a quebrar mis sueños
con sus verdades en forma de religiones, filosofías y ciencias.

Poemas de amor abandonado al mar

I

Te tuve (junto al mar), te tuve
tan cerca de mi mano...
(El viento arrastraba la arena
para acariciar nuestros rostros,
donde una sonrisa dulce se iluminaba).

Te tuve conmigo y no te atrapé entre mis dedos,
dejé te fueras como escapa la brisa del mar,
suave y delicada, acariciando, besando suavemente
la mejilla pero nunca los labios.

Y ahora que no estás, extiendo la mano lejos.
Ahora que te fuiste, extiendo el brazo, el cuerpo
y el corazón intentando encontrarte,
pero siempre fallan su cometido,
yerran su búsqueda
y se cierran sobre el aire.
(¿Tan lejos estás del mar?)

Es el aire, vacío, inocuo, insípido, el aire
que va al viento y se pierde en la nada,
en la playa que arrastra la arena
de aquel mar donde te estreché entre mis brazos
(aunque sólo fuera en imposibles sueños).

El aire que avanza contra las olas,
las rompe y se entrelaza con la espuma
para perderse, de nuevo, entre mis dedos,
dejando tan sólo un beso frío en la mejilla.
(Tan cerca de los labios...)

II

Cierro los ojos.
Vuelvo a ver aquella playa del horizonte
donde por primera vez se encontraron nuestros caminos.
Acaricio la dulce cresta de las olas.
La espuma se entrelaza y juega con mis dedos
en un vals de amor y olvido.

Cierro los ojos y por un instante imagino
que son tus cabellos de ébano lo que acaricio,
tú cálida piel bronceada por este mismo sol
que hoy alumbra esta misma playa.

Abandono mi cuerpo, cierro los ojos,
sueño que esta arena dulce y cálida
es tu propio cuerpo. Caigo
y me deposito sobre ella. La estrecho, feliz, entre mis brazos.
Permanezco quieto.

El viento, la suave brisa que acompasa al mar
arrastra la arena hasta cubrir mi cuerpo.
Yo se lo agradezco y te beso, llenando mi boca
de polvo fino y anaranjado, dulce, cálido y amargo.
Me ahogo, poco a poco, contigo en mi boca... no importa,
la marejada se lleva mis sueños.

¡Qué bello el silencio!

¡Qué bella la luz apagada de un vaso!
¡Qué bello el horizonte oscuro,
de noche, sin luna y sin estrellas!
¡Qué bella la flor marchita y fea!
¡Qué bello el parque solitario!
¡Qué bellas las canciones que cantan los muertos!
¡Qué bellos los sueños rotos!
¡Qué bellas las fotografías de recuerdos olvidados!
Qué bellos los instantes, los rincones, ¡sin palabras!

Otro sueño...

Sus rubios cabellos se mecían como se entrelaza
la arena con el viento y juntos juegan a danzar enamorados.
Su sonrisa era aquella estrella a lo lejos,
delante de mí, radiante, magnífica,
llena del resplandor insondable de la alegría.

Pero, de repente, todo cambió.
Mis ojos se abrieron, descubriendo
la triste y cruda realidad doliente
y la madera oscura.
Era tan sólo un sueño, cuyo único
recuerdo podía ser aquella estrella
de plástico colgada en el techo.

Poemas al verso

I

Versos que vais al alma,
ya no sé dónde encontraros.
Dulces, dulces versos de amapola
y fuente de agua clara,
venid a mí, de nuevo a mí,
estrechadme entre vuestro abrazo
de cielos perdidos en rincones ocultos.

El mar está demasiado lejos.

Oh, versos dulces de antaño,
mi alma ya no es nada más
que nada sin vosotros, nada más
que polvo sin polvo, más versos, ¡silencio!
Más versos al viento.

II

Hay cierto misterio en el bolígrafo verde
surcando trazos de palabras sin sentido
en el cuaderno, también verde.

Hay cierto misterio que se pierde en el aire
como volátil esquela de humo perdido.
Pero yo no sé encontrarlo.